FERNANDO FUEYO, Valle de Arán, 1945, y artista ilustrador de la Naturaleza [currículum]

*fuente: La memoria del bosque

.

Fernando Fueyo parte de una observación larga. Durante ese proceso anota, imagina, pero sobre todo elabora mentalmente las formas, los colores, los detalles, las particularidades especiales. Después (y sólo entonces)  podrá trasladar sobre sus magníficos papeles, en una suerte de mágica evocación, cuanto ha concebido interiormente. Es un nómada permanente, un viajero pausado que reclama tiempo para poder plasmar cada nueva experiencia. Es su arte, por tanto, genuinamente contemporáneo: la reflexión antecede a la fábrica.

.

Fernando Fueyo en la creación en la Naturaleza

.

ARTE Y NATURALEZA

La esencia de las cosas
Una obra dedicada por entero al estudio y la divulgación dela flora y la fauna españolas

POR JUAN LUIS ARSUAGA

En las palabras que pronunció cuando le concedieron el premio Imagen 2005 de la Sociedad Geográfica Española, Fernando Fueyo nos sorprendió a todos definiéndose como un hombre que busca la esencia de las cosas. ¡Caramba!, pensé, eso es lo que hacen los filósofos. Mientras los demás nos entretenemos en explorar la apariencia, siempre cambiante y ‘accidental’, de la naturaleza, los filósofos van al fondo de la cuestión.

Medito sobre ello y entonces leo la siguiente reflexión del escritor italiano Alessandro Baricco (a propósito de una novela suya): «Todas las historias tienen una música propia. Ésta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles. La música blanca es algo rematadamente difícil». Entonces comprendo que Fernando Fueyo es, más que un filósofo, un compositor de música blanca.

¡Qué extraño es el arte de la pintura, que nos permite captar lo más auténtico de las cosas, lo permanente, lo inmutable, y al mismo tiempo hacer que vibren como si sonara una música (blanca)! ¿Y de qué modo misterioso ‘los que saben ver’ se transmitirán de una generación a otra su arte prehistórico?

Los animales y las plantas viven en el territorio, pero únicamente los humanos lo habitan. Sólo hay paisaje si mira un ojo humano. Por eso nuestra deuda con Fernando Fueyo es inmensa. Ojalá pudiera ser incluido en la lista del patrimonio inmaterial de nuestro país y apreciado y ayudado en consecuencia porque los españoles necesitamos a Fernando mucho más que él a nosotros. Fernando (y quisiera al mismo tiempo hacerles el debido homenaje a otros artistas de su raza) ha creado una imagen de la naturaleza española, y al hacerlo la ha cambiado para siempre. Ya no podremos ver de la misma forma al lince, al quebrantahuesos o al castaño. Ya no serán iguales los Picos de Europa o las costas cantábricas. Los que hemos contemplado sus obras estamos contaminados para siempre de su visión de nuestros paisajes y sus moradores. Ahora los comprendemos mejor y los amamos más. Tomamos sus dibujos y se los enseñamos a nuestros pequeños, que no los olvidarán jamás: «Mira hijo, mira hija, éste es el lince, éste es el quebrantahuesos, éste es el castaño».
*Fuente

.

*Fuente

.

Fernando Fueyo nació en el Valle de Arán, Lérida en 1945 pero desde hace unos cuantos años está afincado en Avilés, donde tiene su estudio. Está considerado el más relevante de los artistas ilustradores de naturaleza españoles.

Su trabajo ha permitido que la defensa de la vida natural pudiera divulgarse de forma más directa a través de revistas y periódicos como Quercus, Natura, Biológica, Conocer, Ambiental, Muy Interesante, Humanidades, El País, La Nueva España o El Mundo.

Es autor de la imagen gráfica de numerosas campañas de protección medioambiental y ha publicado varios libros de referencia obligada entre los que destacan ”Árboles Notables de Asturias” (1999), ”La Historia Cautiva” (2001), ”El Mundo de Atapuerca” (2004), ”Asturias, País del Agua (2005), ”La Historia de la Vida y del Hombre” (2009), y ”La Espiga del Tiempo” (2010)

Muchas de sus exposiciones tienen que ver con grandes viajes y grandes ciclos artísticos dedicados a diferentes aspectos, como los que tuvieron lugar en Colonia y Düsseldorf (Alemania 1980), Sendai y Fukushima (Japón, 1985), Évora y Lisboa (Portugal 2000), Exposición Triceratops Cosmo-Caixa (Barcelona, 2007 y Madrid 2008), Instituto Cervantes en Petra (Jordania, 2010), Fundación Atapuerca (Ibeas de Juarros, Burgos 2010), Domus (A Coruña, 2011), ”La Esencia de las Cosas” (Diputación de Guadalajara, 2011, La Caridad, Asturias, 2011 y Mieres y Avilés, ‘Centro de Educación Medioambiental’, 2012)

Cabe destacar la exposición en la casa del Cordón, Burgos, en 2010, en la que presentaba las acuarelas originales realizadas entre los años 2008 y  2010 para ilustrar una ”mirada natural”. Fue una empresa concebida como un largo viaje por la sorprendente fauna, botánica y geología de la provincia de Burgos, recogida en tres volúmenes publicados por Caja de Burgos.

A ello se suman proyectos de estudios e investigación:

– Sobre el hábitat del quebrantahuesos en Turquía (1992) y Nepal (2004)

– Sobre es ecosistema humano botánico y animal del parque Nacional de Zakouma en Chad (2007) con la Fundación para Investigación del Desarrollo Ambiental.

– Sobre flora y fauna y evolución en la Garganta del Olduvai (Tanzania, 2011).

– Trabajo en los yacimientos pleistocenos de Pinilla del Valle (Madrid, 2011)

Está en posesión del Premio Internacional (por dos veces) de la Sociedad Científica de la Ciencia y la Ilustración, y del Premio Imagen de la Sociedad Geográfica Española. Es miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA)

.

.

[…]

Cómo fue lo del mural …
Recuerdo que en el boceto de la obra, escribí unas notas sobre cómo la imaginaba, sobre la armonía de los colores y sobre cómo crear una cortina propicia para el encuentro, la lectura y la conversación. Los robles son reales, forman parte de la Carbayera del Tragamón, en Deva, una zona de Gijón muy valorada desde hace mucho tiempo. Sólo hay un castaño, el de la oquedad que está en el centro. Los demás son carbayos que quedaron fuera del Jardín Botánico Atlántico, los visité durante varias semanas, los toqué y acaricié, para poder dibujarlos. Son libres, invitan al juego y a la poesía, tienen cientos de años, han sobrevivido a las dificultades y saben muchas cosas. Tengo que decir que el Botánico se está desarrollando muy bien, de forma natural, para Gijón es un pulmón y la gente lo está empezando a valorar, en un par de décadas será uno de los mejores de España, sin duda.
.
¿En qué proyectos estás?
Estoy leyendo y preparándome para un trabajo que me ha pedido la Editorial Aranzadi para dibujar la primera mujer vasca, de la que se ha encontrado un húmero en la cueva de Lezetxiki, en Guipúzcoa. Es de la especie Homo Heidelbergensis y se asemeja al que apareció en la Sima de los Huesos de Atapuerca. Era una mujer joven, de color rubio intenso, la imagino desnuda en el campo, recogiendo flores y hierbas para alguna pócima.
.
Acabas de ir a Tanzania, para ilustrar los trabajos arqueológicos en la ‘cuna de la humanidad’
Allí han aparecido las huellas fosilizadas de los primeros homínidos, de casi 2 millones de años. En la Garganta de Olduvai se está realizando un trabajo magnífico y está demostrando el gran nivel de los investigadores formados en Atapuerca. No hay apenas nada publicado sobre aquello y se están planteando un proyecto de museo con los hallazgos. Dibujando en aquella zona me olvidaba de todo, me impresionó el pacto de respeto mutuo que existe entre los masais y la naturaleza.
.
En España te consideran el ilustrador de la naturaleza más relevante
 
Hace años hice otro tipo de pintura, expuse en Japón y en Alemania, pero en los años 70 tuve una llamada muy intensa hacia la naturaleza, fui consciente de que estaba empezando a desaparecer por la acción del hombre. Hoy lo asocio con mi infancia, me crié en una aldea de Llanes, donde no teníamos juguetes, nuestro juego estaba en el bosque y sobre todo en los árboles. Con el tiempo, he aprendido a valorar los cuentos de nuestra abuela, aquella narración oral con la que nos daba las claves para interpretar el bosque y sus posibles peligros, nunca nos pasó nada y aprendimos a convivir con la flora y con la fauna, sin molestar a la naturaleza.
.
.
Anuncios

60 Respuestas a “FERNANDO FUEYO, Valle de Arán, 1945, y artista ilustrador de la Naturaleza [currículum]

  1. El lápiz de la naturaleza conquista el concejo

    El artista Fernando Fueyo abre un aula de dibujo y de conocimiento de la botánica, el paisaje y la historia del municipio que se enmarca en un proyecto vinculado al medio ambiente

    .

    .

    La Callezuela, E. CAMPO

    «Illas para mí es el Edén. Es un paraíso próximo a una ciudad, tiene un entorno bellísimo, y muchas veces la gente vive en un territorio sin realmente conocerlo». Estas son las premisas con las que el dibujante Fernando Fueyo, considerado uno de los mejores artistas de la naturaleza y con un currículo jalonado de premios internacionales, abrirá su «aula de la naturaleza» en el concejo. Su objetivo es utilizar las herramientas del dibujo como llave para abrir el cerrojo del conocimiento del paisaje, de los recursos naturales, del pasado histórico y de las tradiciones de un pueblo. Los destinatarios de esta iniciativa, que se enmarca en un proyecto más ambicioso de divulgación cultural, son tanto niños como mayores que quieran aprender los rudimentos del arte y, de paso, descubrir su entorno.

    Las clases comenzarán la próxima semana, con un primer grupo de alumnos, pero la matrícula sigue abierta. La docencia será de dos horas semanales. Si el tiempo lo permite, las clases se impartirán al aire libre, y si no el profesor meterá «la naturaleza en el taller», esto es, en la Biblioteca de La Callezuela que hará las veces de aula. Fueyo sostiene que no saber dibujar no es un impedimento. «Es algo que se enseña. Y además motivaremos la sensibilidad, el orgullo de pertenecer a un pueblo, e introduciremos relatos literarios». Es decir, dominar la mano no será el único objetivo, sino también «saber distinguir un castaño de un pino, abrir la mente y recuperar el contacto con la naturaleza». El lápiz será el capítulo uno y luego, en función de la destreza de cada cual, se irán sumando otras herramientas. El Ayuntamiento aportará carboncillos, lápices, papel y ceras para los alumnos.

    Fernando Fueyo no oculta su entusiasmo por el concejo, «un paraíso natural» que contrasta con los artificiales que persiguen muchos turistas. «Illas tiene la amabilidad de los vecinos, el buen yantar, la naturalidad, calidad y sostenibilidad». Por eso acudió con su proyecto, y encontró el apoyo del Alcalde de Illas, Alberto Tirador. El aula de la naturaleza, además, se inserta en un programa más amplio que tiene como objetivo hablar del arte y de la naturaleza, y en el que participarán destacados expertos en cada ámbito. «Desde Illas, sin grandes pretensiones, queremos contribuir a la cultura, en un momento muy delicado, y trabajar sobre todo con los más jóvenes», afirma Tirador.

    El Alcalde concluye: «Agradecemos el trabajo de Fueyo, número uno del dibujo de la naturaleza. Es un privilegio que aterrice aquí y que colabore con el proyecto de Illas de recuperar la naturaleza y proteger el medio ambiente». Los frutos del aula de Fueyo no tardarán en ver la luz, ya que está previsto que sean sus alumnos quienes elaboren el cartel de la Feria de la Seronda, utilizando motivos otoñales.

    *FUENTE

    [Ampliar estos conocimientos a través del CONCURSO DE RELATOS DE ILLAS]

    (En la entrada antecedente se puede conocer algo más sobre el Alcalde Alberto Tirador y en la entrada posterior, sobre el excepcional dibujante, maestro y artista, Fernando Fueyo)

  2. Fernando Fueyo se encontró en el bosque de la infancia

    El pintor fue un niño feliz y sin nada a cargo de su abuela en Parres de Llanes, hasta que entró en el orfanato

    Arte, naturaleza y reivindicación

    El artista plástico Fernando Fueyo pinta la naturaleza y la defiende. En su frondosa conversación humaniza los árboles. No quiere separar estos dos componentes, y por eso sus recuerdos le llevan al bosque de la infancia en Parres de Llanes, cuando era hijo y nieto de perdedores de la Guerra Civil.

    JAVIER CUERVO Por un sendero entre árboles y prados -siempre el rumor del río, a veces el estruendo del mercancías del Vasco-, bosque adentro, había que llevar un saquito con medio kilo de maíz hasta un poyete cerca del molino, donde se dejaba para que, por la noche, molido, bolita hiciera tortas. No había que acercarse porque el molinero era un «sacamantecas». Fernando y Juan Ramón Fueyo seguían luego a la escuela.

    El molino era uno de los límites imaginarios del mundo de Nandín Fueyo a principios de los años cincuenta. La abuela trazaba aquellos límites. Un viejo castaño, un vigía de 400 años, marcaba el límite hacia Llanes y desde él había visto llegar un sedán negro levantando polvareda del camino, del que bajaba el indiano a quien servían huevos con puntilla en El Chispún, el barín de Parres de Llanes. A la espalda estaba el Cuera, y en los lados, el río Carrocedo, que desemboca en Llanes, y en Porrúa había un regato con personalidad cuando llovía.

    El centro de aquel mundo era la casa de la abuela, dos plantas, corredor y teyavana, cuadra con conejos y gallinas y una huerta donde buscaba la inspiración de la olla del día. Modesta Gómez García, bolita, menuda, sesenta y algunos años, pelo blanco, elegante en su luto riguroso y en su equilibrio sin voces ni riñas, se había hecho cargo de tres nietos, los dos hermanos y Modesta, prima de ellos, hijos de perdedores de la Guerra Civil.

    Los hermanos Fueyo habían nacido en el valle de Arán, pegados a la frontera con Francia, esperando a los tíos que, exiliados de España, combatientes de la Segunda Guerra Mundial, iban a rescatar España de la dictadura de Franco con la ayuda de las potencias internacionales. No fue así, y la abuela regresó a Parres, con los niños. Del padre, nada más se supo. La madre trabajaba en Oviedo o en Madrid.

    Los cuatro en el llar. Bolita en la tayuela, con manos para revolver las pulientas, acariciar los rizos de los niños que apoyaban la cabeza en su regazo, contaba historias útiles para andar libres sin correr peligro. Sus relatos sacaban brillo a las miradas pero sin llegar al miedo, porque necesitaba que durmieran mientras ella acababa las tareas.

    El tiempo era importante para sacar adelante todo y por eso el molinero -que era afable y bondadoso y ajustaba la maquila a las necesidades de cada familia- era alguien a quien no había que acercarse para no entretenerle y que el maíz estuviera molido para cuando fuera a recogerlo.

    Fernando, que calzaba madreñas y vestía un pantalón viejo de un familiar y un saco de patatas arreglado para cubrirse con una capucha de cucurucho, pasó vergüenza cuando la abuela le hizo el abrigo con dos pieles de melandru, negras con su raya blanca. El tejón le ruborizaba y le protegía de mojaduras.

    Fuera de la escuela, los niños no se mezclaban porque las familias estaban divididas por la guerra. Subían a los árboles, miraban las piedras, los líquenes, la vegetación, Nandín dibujaba siempre, mucho, bien, con tiza… Retratos. La casa estaba en una ladera y, cuando las lluvias, hacía diques y cataratas en el desnivel.

    Aquel territorio demarcado por río y regato, castaños centenarios y el Cuera, todo el mundo conocido donde Fernando Fueyo era un niño feliz que no tenía nada, desapareció cuando lo llevaron interno a Avilés.

    Fernando Fueyo pasó de los 9 a los 16 años en distintos hogares del Auxilio Social. Vio a la abuela dos veces, después de una operación y de una enfermedad. Destacó en el dibujo y como era aplicado en Reyes nunca le regalaron un balón, ni un mecano, sino un libro que durante cinco años fue «La isla del tesoro».

    Una familia, que no sabía que tenía, lo reclamó. Un tío paterno lo llevó consigo a Madrid, una ciudad que tenía un luminoso de Flex y tranvía y la gente no contestaba si la saludabas. Fue camarero hasta que pintó un mural en el bar y supo que ganaría más dinero dibujando.

    En el verano de 1976, siguiendo una senda hacia Cabrales, se acercó a lo que le pareció una mancha boscosa. Se trataba de un único castaño con otros veinte jóvenes. Saltó una pequeña depresión y se plantó ante el venerable anciano. Se sentó a su espalda, sacó el cuaderno, fue acribillado por los tábanos…, así conoció al castaño de Arangas, un artista arrollador que tiene magníficas vistas del valle y deja rodar sus frutos por la ladera.

    En mayo de 1985, con su matrimonio en quiebra y dos hijos en Madrid, en medio de una estancia de cuatro meses en Sendai y Fukushima, enésima experiencia de nomadismo artístico, vio las lluvias de pétalos de los cerezos en flor y la atenta sensibilidad con que lo gozaban los japoneses y una voz interior le dijo: «Nandín, ya lo viviste, acuérdate de cuando jugabas en el bosque».

    Hace 36 años que, cada otoño, Fueyo se despide del castaño de Arangas antes de que entre en el sueño invernal de los árboles. Ya no puede saltar la pequeña depresión porque ahora tienen la misma edad.

    *FUENTE

  3. La ‘arroba’ tiene orígenes prehistóricos

    24.12.10 – 02:56 –
    PACHÉ MERAYO | GIJÓN.

    La aún corta, pero intensa vida del correo electrónico ha inspirado un nuevo libro. Se titula ‘La espiga del tiempo’ y cuenta, dicen sus autores y apremia el subtítulo, «la fascinante historia de un símbolo universal», que no es otro que el @, hoy inevitablemente unido a la sociedad de la información tecnológica. Pero este trabajo, editado por Telecable y firmado a medias por Francisco Valle Poo, que pone la letra, y Fernando Fueyo, que lo ilustra, no habla sólo de las idas y venidas de los e-mails del presente y de los enviados en el pasado. Narra también ‘La espiga del tiempo’ la historia misma del concepto primigenio de la palabra arroba. Ahora una ‘a’ de cuyo rabo nace el circulo casi perfecto que la rodea para vivir en los ordenadores, pero en otro tiempo, no muy lejano, media el peso, los líquidos y hasta era sinónimo de grandes cantidades.
    Buscando ese rastro, Valle Poo regresa en sus páginas hasta las entrañas mismas de las cavernas prehistóricas. Su relato, en el que da vida y voz a personajes imaginados, camina marcha atrás en la historia hasta el momento en que los hombres y mujeres empiezan a contar, «pero no a contar historias, sino a cuantificar unidades». En realidad, parte de un boceto preliminar «sobre el impulso prehistórico e intuitivo por aprender a contar, la primera numeración de la historia de hace unos seis mil años y el nacimiento de las matemáticas antes que la escritura», explicaba ayer ilusionado con el libro en la mano. Tanto como el creador de las ilustraciones que asegura cierto misterio en todo el volumen y para atraer al lector emite una cita de Ítalo Calvino: «Una historia no tiene que ser cierta. Basta con que sea hermosa».
    Ambos, Fueyo y Valle Poo, aseguran que el recorrido histórico que hace ‘La espiga del tiempo’ a lo largo y ancho de ocho capítulos «abre un mundo desconocido ante campos del saber inusitados».
    Es, explica el escritor, «un trabajo de recuperación de aquellos significados ligados a la cuantificación de la actividad humana y a las fórmulas creadas para facilitar la vida cotidiana y las relaciones sociales».
    Es, dice el presidente de honor de Telecable, Roberto Paraja, una manera de mantener viva la existencia anterior de un concepto que «ya no existe para los nativos digitales, a los que queremos contar que arroba tiene una historia fascinante». Y no todo es pasado, el octavo capítulo de la publicación tiene nombre de presente y en cierto modo también de futuro, el de Ray Tomlinson, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica e inventor del correo electrónico.
    ‘La espiga del tiempo’, un proyecto editorial de Telecable, quedó ayer bajo los focos del Palacio de Congresos, donde fue presentado, como centro de la conmemoración de las bodas de plata del correo electrónico en España, una efeméride que es posible gracias a la actitud emprendedora de los ingenieros Juan Riera, Fernando Fournon y Juan Quemada. El último, catedrático de la Politécnica de Madrid, participó en la celebración con una conferencia sobre la evolución del e-mail a las redes sociales en el último cuarto de siglo.

    *fuente

  4. Pingback: 196. El inicio del cuaderno de la Casa de Cultura del concejo de Sariego [VEGA] | EL ALBERGUE DEL CAMINO DESCONOCIDO

  5. Pingback: 197. La privatización de los genes humanos Patentes y automutilación. | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  6. Pingback: 198. EL NEGOCIO DEL BIEN COMÚN. COMERCIO, CIENCIA Y FRIVOLIDAD | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  7. Pingback: 199. Sydney Brenner y Lynn Margulis. El Leviatán y el Behemoth hobbesiano | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  8. Pingback: 200. La Fosa de Valdediós, el gradiente y la justicia del Leviatán | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  9. Pingback: 201. KATAEGIS. La tormenta mutacional y las 21 firmas del genoma del cáncer | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  10. Pingback: 202. EL CANTO DE LAS BALLENAS COMO PUNTO DE PARTIDA | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  11. Pingback: 203. Las esferas de la vida y la experiencia cuántica [Las unidades de información y la realidad] | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  12. Pingback: 204. El escollo que se salva, los bits, los qubits, la información, Sahagún y la incertidumbre | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  13. Pingback: 205. Donde encontrar la certeza de la felicidad o el cuarto ciclo biológico de la primavera | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  14. Pingback: 206. El disenso como método en metapolítica, ficción y simulacro | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  15. Pingback: 207. Coherencia, decoherencia, relatividad y variables ocultas de camino a Molleda | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  16. Pingback: 208. Las manos sucias de Sartre y el elemento de la realidad de Einstein | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  17. Pingback: 209. Como ajustar el temporizador tras la experiencia de la ”desintegración” | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  18. Pingback: 210. La naturaleza de la molécula de ATP Y el problema del cuerpo negro y Max Planck | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  19. Pingback: 211. El diseño de un tiempo, el cumplimiento entre libertad y necesidad | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  20. Pingback: 212. La teoría M y la diferencia entre el instante y el momento | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  21. Pingback: 213. GATTACA, el acelerador de personas, BANF1 y la poesía de la vida | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  22. Pingback: 214. El sueño era como es la realidad [la ganancia de energía y la inversión inicial] | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  23. Pingback: 215. La relatividad y el experimento de Michelson y Morley. El campo de Higgs y el éter | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  24. Pingback: 216. La meta es siempre una relación con la desposesión | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  25. Pingback: 217. En la teoría de la información, los valores de la entropía de Shannon | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  26. Pingback: 218. Cosmopolitismo versus universalismo. Mecánica cuántica y espiritualidad | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  27. Pingback: 219. De la igualdad entre las energías de las ecuaciones de Einstein y Planck | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  28. Pingback: 220. De cómo adiestrar la intuición a través de la física para entender los fenómenos | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  29. Pingback: 221. Hexoquinasa, asimetria, relatividad escalar y enumeración de los principios de la termodinámica | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  30. Pingback: 222. La fuerza de las partículas efímeras y de los campos del existir | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  31. Pingback: 223. La contingencia como constante de la evolución y la ”contingencia absoluta” de Valentín | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  32. Pingback: 224. El deseo es el deseo del Otro, de que el otro nos reconozca o el análisis del Capital | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  33. Pingback: 225. El sustrato es el producto antes de experimentar el proceso | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  34. Pingback: 226. El sueño de la vergüenza, el voto en blanco y los ojos desorbitados del gato negro | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  35. Pingback: 227. Del fin de la salida de Pola de Siero al fin de la salida de El Berrón o el gato que piensa en pájaro de Paul Klee | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  36. Pingback: 228. [...] y se preguntan si el esquizoide puede amar, o es tan indiferente como parece, o es un criminal, o cómo es la personalidad de este docente, cuando es el maestro [EL TRASTORNO DE LA PERSONA] | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  37. Pingback: 229. Celebrando bodas en el Camino de Santiago se encuentra el Palacio de Meres en Siero | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  38. Pingback: 230. Cultura es ”todo-aquello” susceptible de transmisión horizontal | Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo

  39. Pingback: 230. A propósito de Reglas y Lenguaje Privado en Wittgenstein | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  40. Pingback: 232. Protocolo de actuación para novatos que piensan en acceder a la escuela oficial de idiomas – eoi | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  41. Pingback: 233. El significado de la palabra: Locura, altruismo y piezoelectricidad | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  42. Pingback: 234. Dominicos, jesuitas, corrales de comedia y radioactividad | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  43. Pingback: 235. De indomables, rayos X, matemáticas, heridas en la confianza y sanadores | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  44. Pingback: 236. Sapolsky y la Yerma de García Lorca. Alfred Nobel y el fraude de la Economía | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  45. Pingback: 237. Obsolescencia intrínseca y programada. La intelectualidad según Sartre | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  46. Pingback: 238. Pierre Curie y el fenómeno paranormal. La bomba atómica y el fenómeno humano | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  47. Pingback: 239. La promesa de uno y la voluntad de poder. Conservación y aumento [retomando el contacto con Nietzsche y con el nihilismo] | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  48. Pingback: 240. Ir a saber de Marianne Grunberg-Manago que no contó con ningún Pierre Curie | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  49. Pingback: 241. De la conferencia que Severo Ochoa jamás llegó a dar en el Club de las Enzimas de Nueva York | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  50. Pingback: 242. ¿Qué es el talento? La idea de una metodología del talento | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  51. Pingback: 243. El horizonte y el horizonte de sucesos, la utopía, la fantasía y el polemos | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  52. Pingback: 244. El saber del autor colectivo El talento, la empatía, el interés y el asco | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  53. Pingback: 244. El saber del autor colectivo El talento, la empatía, el interés y el asco | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  54. Pingback: 245. El profesor Hubert Gallinal Sopeña en la primera clase de francés | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  55. Pingback: 246. El talento del alumno que brilla por su ausencia. Por qué sucede eso | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  56. Pingback: AUTISMO, INTELIGENCIA Y GENOMAS [Carta a la directora de la Escuela Oficial de Idiomas - eoi Avilés -] | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  57. Pingback: 248. José Ovidio Álvarez Rozada, Galton Y Hobbes [o materialismo filosófico, eugenesia y contrato social] | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  58. Pingback: 249. La talidomida y las indemnizaciones en el marco de la ética del ”Bien Común”. Jessica o la modelo del Amedeo Modigliani del siglo XXI y Esteban y el estímulo del ”coco” | LOS LÍMITES DEL CAMINO

  59. Pingback: 69. EL TESTAMENTO DE MARÍA CAMÍN [De la Reconquista a la Postmodernidad] | LOS LÍMITES DEL CAMINO