PALOMAS ASUSTADAS O PASO EN CANCIENES [estudiando el cerebro masculino y femenino como diferentes]

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30 Respuestas a “PALOMAS ASUSTADAS O PASO EN CANCIENES [estudiando el cerebro masculino y femenino como diferentes]

  1. EL CEREBRO FEMENINO

    Entrevistada: LOUANN BRIZENDINE, Neuróloga de la Universidad de California en San Francisco.

    – Hasta las 8 semanas de vida fetal los circuitos cerebrales son de tipo femenino, y eso a pesar de la existencia del genoma XX o bien XY.

    8 semanas es el momento en el que los diminutos testículos del feto masculino comienza a liberar enormes cantidades de testosterona que impregnan los circuitos cerebrales con testosterona y los transforman.

    – La zona del impulso sexual tiene doble tamaño en el cerebro masculino.

    – Ciertas zonas al nacer, en un cerebro masculino, son más grandes. Lo mismo sucede en el femenino.

    – La forma biológica por norma es la femenina.

    – En el lenguaje, las niñas, por lo general, son más precoces que los niños.

    – En habilidades manuales quizá tienen más habilidad los niños.

    Entre los 6 y los 12 años se aceptan los roles de género y se busca un lugar entre amigos del mismo sexo.

    – La diferencia entre los cerebros se deben principalmente al flujo de hormonas que de repente aparecen.

    MIN.7. 52SEG. Concepto de la pubertad infantil. Tras el nacimiento, la testosterona en los bebes masculinos, aumenta muchísimo durante los primeros 6 o 9 meses, y luego se ralentiza de nuevo. Mientras que en las niñas se produce una ”pubertad infantil” que dura hasta los 24 meses. Y los ovarios liberan mucho estrógeno al cerebro. Es -dice- un periodo nuevo del que todavía no se sabe mucho. Sobre todo en lo referente a las consecuencias conductuales [no han descubierto como tumbar a las niñas en los escaner y que no se muevan y acepten órdenes]

    – Existen diferencias conductuales en los juegos. Las niñas son más fantasiosas, tú eres el médico y yo la paciente, dicen… Los niños si fantasean quieren ser superhéroes pero creo que sus valores al respecto están quizá algo ”pervertidos”… ya que Supermán no existe, ¿o sí?

    – Los distintos juegos conductuales surgen en todas las culturas.

    – Y también ellos y ellas reaccionan a las caras de forma diferente, que es lo que está estudiando la psiquiatría infantil.

    11MIN.31SEG. Experimento con monos de amputación del índice... Al cabo de 2 semanas las neuronas estaban reasignadas y controlaban el corazón.

    – No nacemos sabiendo tocar el piano. Y lo adquirido se plasma en los circuitos cerebrales.

    INTERVIENE LA GINECÓLOGA NURIA PARERA.

    – En algún momento entre los 8 y los 14 años, por el efecto de las hormonas hipotalámicas, empieza la pubertad y se producen los cambios… Durante esta etapa el reloj biológico pone las hormonas a trabajar y se produce una descoordinación de las diferentes zonas, que explica el comportamiento impulsivo de los adolescentes. La amígdala (detonante de todas nuestras emociones) está en plena efervescencia y eso supone un flujo de emociones a flor de piel; sin embargo, el córtex prefrontal, implicado en el control racional, todavía no ha madurado completamente y no puede asumir el incremento de tráfico procedente de la amígdala.

    – El cerebro está compuesto por múltiples zonas de menor tamaño, que son como miniórganos dentro del cerebro. En la pubertad, cuando ellos tienen entre 9 y 15 años, los niveles de testosterona empiezan a aumentar y se multiplican por 25. Y esa multiplicación en biología supone una cifra enorme. Esto impulsa las fantasías sexuales sobre el cuerpo femenino y sobre la actividad sexual.

    – La sexualidad femenina también cambia a medida que se incrementa el estrógeno y algo la testosterona, pero las chicas desean resultar atractivas sexualmente a los hombres. En todas las culturas… autoadorno, etc…

    Especialmente antes de la ovulación. Es es el momento en el que las mujeres coquetean más para intentar atraer el interés del hombre. Unos dos días antes de la ovulación, así ha sido diseñado por la madre naturaleza, para tentarnos a practicar el sexo y quedarnos embarazadas, para que haya esperma aguardando cuando salga el óvulo.

    – No hay una edad perfecta para ser madre. Tampoco es un destino. Es una decisión.

    19MIN.30SEG. Algunos trastornos hormonales: más sueño, más necesidad de orinar, nauseas… La progesterona es la hormona propia del embarazo. Y se pueden percibir cambios en el apetito, en el olfato, las embarazadas notan más los olores que las mujeres que no están embarazadas.

    21MIN.19SEG. Cuando se aproximan los 50 se puede estar seguro de que la menopausia llegará. Los ovarios dejan de ovular y de producir estrógeno y con el tiempo la falta de hormonas provocará alteraciones en el cuerpo. Sofocos, dolores de cabeza, vértigo, animo inestable, tendencia depresiva, sequedad vaginal… La osteoporosis y el tratamiento hormonal a la post-menopausia, que puede administrarse, aunque no en todos los casos, por un máximo de cinco años. Luego podría ser el tratamiento alternativo de la soja.

    – Alcanzamos la ETAPA DE LA LONGEVIDAD. En la que es necesaria más ciencia y más conocimiento, que nos permitirá vivir mejor.

    24MIN.11SEG. Una buena dosis de amor maternal puede alterar el código genético de los recién nacidos. El cambio significa: menos miedo para la cría y menor ansiedad. Existe un gen… que determina una mayor existencia de receptores de estrés en el hipocampo. Estas modificaciones genéticas se mantienen a largo plazo y pasan a las siguientes generaciones de ratones.

    – La hormona TPH es la responsable de la ansiedad en la pubertad, en donde invierte su función de modulación, ya que en el niño y en el adulto actúa como un tranquilizante natural.

    26MIN.31SEG. El gen Bax que controla la muerte de las células… ”y la menopausia”.

    29MIN.15SEG. El experimento con cabras y los niveles de estrés. Las crías y la transmisión del ”afecto”. Habrá metilación del DNA y esto se transmitirá durante tres generaciones.

    – El estrés repercute de una manera distinta según el sexo de la persona.

    Cuando el cuerpo y el cerebro no perciben que el entorno sea seguro Esto influirá especialmente en la hembra.

    33MIN. Cuando el orgasmo femenino se produce la hipófisis libera oxitocina [hormona de la afectividad ”maternal”]

    ”La biología es el destino”. Las hormonas nos hacen tender hacia cierta conducta pero no necesariamente hacen que dicha conducta tenga lugar.

    41MIN.04SEG. Habla María José Casado, la subdirectora de la revista MUY INTERESANTE, que ha investigado sobre las mujeres y su invisibilidad para la ciencia. Y las mujeres del laboratorio.

  2. Arturo Alvarez-BuyllaEntrevista

    El trabajo de este Premio Príncipe de Asturias/ 2011, se centra en tratar de entender cómo se forman nuevas células nerviosas en el adulto, en el sistema nervioso ya formado. Y esto puede tener repercusiones para tratar de aliviar al enfermo afectado de problemas neurodegenerativos. Él es Investigador Básico, su curiosidad le impulsa a tratar de entender cómo funciona el Sistema. Otro de los galardonados, en los años 60, mostró que se formaban nuevas neuronas, éstas son las células que forman los circuitos del cerebro, y uno de sus profesores lo mostró en pájaros, en canarios… y él lo que ha estado investigando durante estos últimos 25 años es cómo se forman estas nuevas células… y hemos descubierto una serie de mecanismos inesperados y sorprendentes. Uno de los trabajos involucrados es ‘si hay células creciendo en el cerebro adulto de dónde vienen estas células’, quiénes son las células madre… Y en el 99, cuando no existía el actual interés por las células madres, identificaron las células que dan lugar a las nuevas neuronas. Y resultó sorprendente que eran células que ya se conocían pero que nadie pensó que eran las células madre. Eran unas células que se pensaba que estaban ahí como soporte o sostén del sistema nervioso pero marcando esas células específicamente se demostró que ellas eran las progenitoras de las nuevas neuronas. Y eso cambio la forma de pensar desde la época de Santiago Ramón y Cajal. Eso cambió completamente el concepto de la glía y de la neurona que forma el cerebro. Estás células están ahí. Nuestro cerebro tiene dos cavidades bastante grandes que se llaman ventrículos, están llenas de un líquido que parece agua pero que no es agua y se llama líquido cefalorraquídeo, y en las paredes de esos ventrículos es donde la magia sucede. Y son unas células que tienen una parte muy pequeñita, que ve al ventrículo, como que pueden probar lo que hay dentro del ventrículo, y otra de las cosas que no sospechábamos es que dentro de ese líquido acuoso existen señales que modifican la actividad de estas células madre, pues esas células en esas paredes dan lugar a las nuevas neuronas pero no dan lugar a las nuevas neuronas directamente sino que dan lugar primero a una célula inicial, y esa célula se divide varias veces para dar lugar a un número grande de neuronas. Esto sucede en roedores claramente y está muy en discusión cuánto de esto sucede en humanos… tenemos ahora datos de que sucede en niños pero yo creo que en humanos adultos no existe ya este proceso de neurogénesis, no como en los niños de dos años, en los que estas células nacen y parecen estar moviéndose por el cerebro... Es que no sólo es que tengan que nacer, es que nacen muy lejos de las zonas donde son necesitadas, entonces tienen que tener procesos de navegación, de movimiento, que les permitan moverse por dentro del cerebro, que es una estructura muy compleja y muy densa… Y ese proceso también nos ha llamado la atención y también lo hemos estudiado y encontrado cómo es que éstas células se están moviendo. Pero son varios los procesos que tienen que suceder, y en humanos decrece pero en animales sigue, incluso en animales viejosy algunas de estas células van al bulbo olfatorio, que es un centro nervioso que procesa el sentido del olfato. Quizá nosotros tenemos menos de ese proceso porque quizá para nosotros el olfato es menos importante que para un ratón o un perro. Luego, Arturo Álvarez-Buylla vive rodeado de un gran espíritu de colaboración, ya que en su compromiso, como Investigador Básico, él no podría trabajar solo… lo que buscan es tratar de inducir lo que sucede naturalmente en el bulbo olfatorio en etapas tempranas de la vida humana o en animales durante toda la vida, en regiones del cerebro donde esto normalmente no sucede. Y hace un año publicamos un trabajo con uno de estos grupos, demostrando que ciertos tipos de células nerviosas, cuando son trasplantadas al cerebro de un animal jovencito son capaces de meterse a esos circuitos y de reabrir periodos de plasticidad; es decir, un niño tiene ciertas capacidades que va perdiendo con la edad, porque estos periodos se abren y se cierran según vamos madurando. Entonces, hemos sido capaces de reabrir uno de estos periodos, que se refiere a la visión, para que haya plasticidad, en esa parte del cerebro que procesa las señales del ojo… y quizá en el futuro será posible servirse de este tipo de células para modificar circuitos neuronales en los cuales se necesita restablecer un equilibrio que se haya perdido por la enfermedad pero esto hay que verlo de cara al futuro, y el entrevistado nos aclara nuevamente que él no es un clínico sino un Investigador Básico, y entonces él no se dedica a ver pacientes sino que se dedica a tratar de encontrar los mecanismos de funcionamiento del sistema nervioso. También dice que el conocimiento lo tomamos muchas veces por algo que existe ahí como un hecho pero la vida que le rodea a usted y a todas las personas que los escuchan, está rodeada de conocimiento producto de un crecimiento en la cantidad de información durante el último siglo impresionante. Y todo adelanto tecnológico del que gozamos sale del conocimiento y de la investigación y no de la nada, por eso los países que invierten en investigación, en educación, en cultura, son los países que avanzan más rápido, porque están rodeados de ese medio de desarrollo y de inteligencia, de espíritu de encontrar cosas nuevas, que es un verdadero motor para el crecimiento. Y el conocimiento es la base a la solución de los problemas tan severos que nos aquejan. Yo creo que la gente se debe de dar cuenta de que estamos en graves problemas no sólo sociales sino ecológicos. Así que tenemos que encontrar el conocimiento para poder resolver esos problemas.

  3. Marino Pérez aplica el materialismo filosófico a sus propias limitaciones y problemas. Es usuario de esa corriente de pensamiento o filosofía de la Escuela de Oviedo, fundamentada por G. Bueno.

    EL MITO DEL CEREBRO CREADOR

    ¿Y qué es el cerebrocentrismo?

    La tendencia a situar al cerebro como centro de explicación de todos los asuntos humanos

    <<No somos más que un montón de neuronas>> Francis Crick.

    Consiste pues en atribuir al cerebro todos los asuntos y todas las actividades humanas.

    El cerebro hoy en día suplanta a la persona. El cerebro resulta anestésico para la experiencia humana [se refiere a que ”no tiene” receptores del dolor]

    El cerebro está ahora a la altura del Dalái Lama. Porque un neurocientífico dice que hay un Dalái Lama en cada cerebro. Y eso no es divulgación sino vulgarización.

    La Naturalización, cuyo exponente es el cerebrocentrismo, tiene su baluarte y su retaguardia en el gencentrismo.

    <<LA VIDA ES UN PROCESO DE ADQUISICIÓN DE CONOCIMIENTOS>>.

    KONRAND LORENZ

    La Naturalización está más al día que nunca en Kant.

    <<El a priori kantiano es un aposteriori de la evolución>> Konrad Lorenz.

    La filosofía de Husserl que se ha definido contra el Naturalismo está siendo también naturalizada.

    La cultura está sometida a una naturalización <<Tanto la naturaleza humana, como la cultura humana, son información. Se diferencia en que una información se transmite meméticamente>>

    Las neuronas espejo serían algo así y lo dice hasta Ramachandran, un eminente neurocientífico, a la psicología y a la explicación cultural lo que es el DNA es a la biología.

    Se habla a este respecto de la darwinización universal o generalizada. MIN 16.

    Se cita a Daniel Dennet, que dice que allí por donde pasa Darwin, que es el ácido universal, disuelve las tradiciones y los saberes… e irónicamente, que debería ser una religión estatal. Y que es otro ejemplo de la naturalización.

    Y uno más: EL CAPITALISMO NEO-LIBERAL haya en el cerebro una justificación, y a la vez lo que se sabe del cerebro vendría a mostrar, por fin, que el cerebro ha llegado o se ha encontrado con una sociedad, la del capitalismo neo-liberal, que está funcionando organizada de la misma manera que funciona el cerebro.

    El GENCENTRISMO en la retaguardia del cerebro. Tras la década del cerebro asistimos a un fundamentalismo genético, que estaría en la base de todas las creaciones que se le atribuyen al cerebro. Y aunque el genoma humano tenga su mayor rendimiento en el estudio de enfermedades; por ejemplo, el cáncer, sirve también para expander su invasión en todos los ámbitos.

    El cerebrocentrismo es el espíritu de los tiempos actuales.Entonces, sus razones de ser:

    22MIN. El desarrollo de nuevos métodos para su estudio de una forma no invasiva y en vivo.

     

    – Las máquinas de resonancia magnética que nos ofrecen neuroimágenes, donde se percibe qué áreas están activadas en determinadas actividades conductuales.

    Pero las neuroimágenes miden el flujo sanguíneo en determinadas áreas del cerebro que se supone está requerido por una activación neuronal, que consume sangre, glucosa, energía, y que esa activación neuronal está suscitada por una tarea o asunto e la que está implicada la persona que está en la máquina.

    Pero desde el punto de vista de referencia eso no es nada, por lo que es necesario ser hasta volteriano en ese sentido.

    27MIN. [Manipulación del concepto de William James]

    Lo que permiten las máquinas de resonancia magnética, lo permiten gracias a las propiedades magnéticas que tiene el ”oxígeno” de la sangre, que permiten ser detectados por magnetos que conforman ese espacio de la máquina…

    Y quiere resultar que es una de las maneras más antinaturales de medir el funcionamiento humano.

    Y se estudian cosas de todo tipo ahí, el amor, la religión, la política, la ética, un trastorno psicológico.

    Aquí el hallazgo está garantizado porque va contarse con una activación cerebral. Y de ello se deducen las bases neuronales del cerebro.

    Pero el conferenciante cree que estos métodos son insolventes. MINUTO 33

     

     

     

  4. El Marketing de la Locura – Vendiendo la Enfermedad

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    Sobre la invención de trastornos mentales

    HÉCTOR GONZÁLEZ PARDO Y MARINO PÉREZ ÁLVAREZ

    Ciertamente, nos ha sorprendido la carga que hacen los psiquiatras contra nuestro libro «La invención de trastornos mentales» (La Nueva España, domingo 2 de diciembre). Nos ha sorprendido el tono bruto y agresivo, máxime al venir en nombre de una muy digna sociedad científica y profesional como es la Sociedad Asturiana de Psiquiatría. De todos modos, nuestra respuesta va dirigida en particular a Marcos Huerta, si bien nos mantendremos en un nivel por encima del suelo.

    Nos da la impresión de que la suya es una reacción al título del libro, pero no a su argumento. Probablemente, nuestro crítico no ha leído el libro y, en su caso, no lo ha entendido, porque de otra manera no se explica el exabrupto. Para empezar, el libro no va contra los psiquiatras, sino contra la concepción que hace pasar los trastornos mentales como si fueran una «enfermedad más cualquiera», sea ello defendido por psiquiatras o por psicólogos. Por otra parte, no faltan psiquiatras que ven y denuncian esta tendenciosa tendencia. De hecho, libros similares al nuestro han sido escritos por psiquiatras recientemente. Bastaría echar una ojeada al índice de nuestro libro para ver que una de sus tres partes se titula «Desenmascaramiento de la psiquiatría y la psicología clínica».

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    ¿Qué quiere decir «invención»? Nosotros llamamos «invención» a esa concepción que hace pasar los trastornos mentales como si fueran una «enfermedad más cualquiera». Está muy claro en el libro que esta invención no la hacen los profesionales, no es una invención de la nada y una vez hecha la invención no deja de ser algo real.

    La invención de supuestas «enfermedades mentales» no la hacen los profesionales en la práctica clínica, sino que es un fenómeno a escala cultural que, entre otros factores, incluye la cultura clínica de la gente y la formación facultativa de los propios clínicos, en cuyo proceso sin duda es importante la industria farmacéutica con su marketing dirigido expresamente a la sensibilización de la población y de los profesionales so pretexto de información. En este sentido, los profesionales son a menudo ellos mismos más unos «mandados» y «víctimas» del sistema que propiamente inventores de nada. Como muchos psiquiatras han denunciado, la psiquiatría está hoy en buena medida en manos de la industria farmacéutica.

    La invención de supuestas «enfermedades mentales» no se realiza a partir de la nada, de hecho los trastornos mentales existen. La invención como enfermedades se hace a partir de los problemas que tiene la gente, por los que va a consulta. La tesis que nosotros defendemos es que la invención de supuestas enfermedades deriva de los problemas de la vida (conflictos, decepciones, pérdidas, agobios, dificultades, fracasos, etcétera). Es una tesis polémica y discutible, pero clara, decidida y fundada. Esta tesis no excluye posibles factores neurobiológicos, pero tampoco los pone por delante como causas. Por cierto, no hay todavía al día de hoy establecida ninguna causa biológica de ningún trastorno psicológico por muy «enfermedad mental» que se diga. Es más, posibles factores biológicos concomitantes a un trastorno puede que sean más consecuencias del trastorno que supuestas causas del mismo. Por el contrario, lo que sí está establecido es que los factores psicológicos están implicados en el desarrollo de los trastornos mentales. Esta tesis es lo que habría que discutir y no reaccionar sin más al título del libro.

    La invención de supuestas «enfermedades mentales», una vez hecha, no deja de dar lugar a productos reales. El paciente que «sale» con un diagnóstico, valga por caso, de «fobia social» y la correspondiente medicación, por citar uno de los últimos inventos, acaso tenga una «enfermedad mental»: así se lo han dicho o dado a entender y así probablemente viva y entienda su problema, de no ser así ¿por qué recibe medicación? Llegados a este punto, nosotros no negaríamos que esa supuesta «enfermedad mental» sea un hecho real, lo que planteamos es cómo se ha hecho real.

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    Cuestión ontológica. En el libro mostramos cómo ciertos problemas de la vida y a veces ni siquiera problemas, por ejemplo, simples estilos de comportamiento o maneras de ser como la timidez se han convertido en trastornos mentales que a menudo se hacen pasar por enfermedades de supuesta base neurobiológica (los tan socorridos desequilibrios neuroquímicos). Pero nuestro argumento no queda en la mera denuncia de esa patologización (psiquiatrización o psicologización, que nos da igual) de la vida cotidiana, por lo demás conocido. Otros libros ya lo han hecho. Lo que hace a nuestro libro único, permítase decirlo, es que plantea cómo es posible que algo que es un problema de la vida o incluso ni siquiera un problema llega a ser todo un trastorno y aun una «enfermedad mental». Ésta es una cuestión ontológica acerca de cuál es la naturaleza y el modo de ser de los trastornos mentales.

    La conclusión a la que llegamos es que ello es posible porque los trastornos mentales, sin dejar de ser reales y algunos suponer un enorme sufrimiento, lejos de ser entidades naturales como, por ejemplo, la diabetes, la hepatitis o el alzheimer (éstas sí son enfermedades) son entidades interactivas (en el sentido de Ian Hacking), susceptibles de ser influidas (modeladas y reconstruidas) por el conocimiento que se tenga de ellas, incluyendo la cultura clínica de la gente, la sensibilización de la población y las prácticas clínicas (teorías, diagnósticos, técnicas, etcétera). Por eso pueden terminar como supuestas enfermedades, pero no porque estuvieran ahí dadas esperando a ser descubiertas (diagnosticadas), sino por una serie de factores y actores implicados en una escala cultural, como se decía. Nuestro psiquiatra crítico reconocerá que la suya es la única especialidad médica que no trata propiamente con enfermedades, sino con síndromes, conjuntos de síntomas que pueden y suelen reorganizarse de una manera práctica, y ahí habrá que preguntarse ahora ¿práctica para qué y para quién? (¿para recetar?, ¿para entender el problema?, ¿para hacer estadísticas?, etcétera).

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    ¿Por qué contra la consideración de «enfermedad»? Pero ¿cuál es el caso contra las supuestas «enfermedades mentales», si es una manera práctica de entenderse y de dar solución a los problemas de la gente? Ésta sería una buena cuestión para el crítico, si entrara en el libro. Por lo que a nosotros respecta, diremos que es una mala y tendenciosa solución, por las siguientes razones, dejando aparte, lo que es mucho dejar, que no serían enfermedades más que por analogía.

    En primer lugar, la adopción casi ya convencional de los trastornos mentales como enfermedades no ha reducido el estigma, según se pensaba iba a suceder, supuesto que la noción de «enfermedad» no implica valoraciones personales. Sin embargo, estudios recientes muestran que el estigma ha aumentado tanto en la población como en los propios clínicos, ya que unos y otros ven a los «enfermos mentales» como siendo imprevisibles e incontrolados y los tratan con distancia, sin considerar el significado de sus síntomas al suponer que derivan de algún desequilibrio neuroquímico.

     

    En segundo lugar, los propios pacientes adoptan el papel pasivo de paciente, quedando a expensas de que la medicación solucione su problema. Nuestra concepción es que las personas, en vez de pacientes, pueden y deben ser agentes autosanadores activos. Las intervenciones psicológicas van por este lado. En tercer lugar, la noción de enfermedad desvía la atención de las verdaderas condiciones de las que dependen los trastornos mentales, que a nuestro juicio se encuentran en los problemas de la vida y en las maneras que tienen las personas de tratar con ellos.

     

    En cuarto lugar, pero no menos importante, la concepción de enfermedad está funcionando en realidad como justificación de la medicación masiva a la que hemos llegado. Sin tener nada en contra de la medicación, por principio, lo cierto es que se usa abusivamente. Aparte de sus posibles efectos nocivos (entre ellos efectos secundarios y adicciones), la medicación está suponiendo un enorme gasto sanitario (y por su lado un enorme negocio), sin ser la mejor solución posible, a juzgar por la escalada de consumo, indicativa de que las cosas van a peor, porque, si no, no sería necesario más y más remedio de lo mismo. Es interesante recordar aquí una propuesta inglesa, con base en criterios económicos y de eficacia terapéutica, según la cual no se debería aplicar medicación para la depresión antes de diez sesiones de terapia psicológica, sabido que ésta es la solución por la que se debiera empezar.

    En fin, siendo éste el tema de nuestro libro, se comprenderá que nos haya sorprendido la reacción sin duda inapropiada de M. H. Por un momento hemos creído en la medicación como primera línea de actuación, pero aún creemos más en que la explicación adecuada es lo que hace a la gente más juiciosa.

    Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez son psicólogos y autores del libro «La invención de trastornos mentales».
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  5. MIN 33. AVANCES EN LA PSICOFARMACOLOGÍA

    Buena parte de lo que él no va a justificar aquí, está justificado en su obra ‘la invención de los trastornos mentales, que hemos presentado…

    Básicamente hay 3 grandes familias de psicofármacos; ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos. Pero esta especificidad está más en el nombre comercial con que se nos ofrecen que respondiendo a una especificidad farmacológica que fuera dirigida a las bases, a las causas, que tuviera que ver con la depresión o con los trastornos psicóticos.

    Los psicofármacos son inesfecíficos enteramente no van dirigidos a un lugar puntual, porque este es desconocido y es de esperar que siga siéndolo.

    Y el éxito fundamental de los psicofármacos es que llegan a definir los trastornos psicológicos por los aspectos mismos que ellos tratan. Y no por la entidad o naturaleza del trastorno que tuviera la gente.

    Es decir, se llegan a definir los problemas por aquello que ayuda a aliviarlos.

    MIN. 40 [aspirina, serotonina, dopamina]

    Se reducen los trastornos al ”síntoma” que trata el fármaco. Descontextualizando el ”síntoma” del resto del organismo y la persona.

    MIN. 43. La GENÉTICA ESTADÍSTICA, se ha mostrado completamente insolvente para decir lo que dice, pues que determinados rasgos de personalidad, que determinados trastornos, tienen su origen genético.

    LA GENÉTICA MOLECULAR que sería propiamente la genética real pone en relieve que entre las funciones de los genes no están los de producir rasgos o trastornos psicológicos, sino producir proteínas, son los verdaderos protagonistas del desarrollo del organismo.

    Sigue hablando [MIN.45] de lo que la genética molecular ha puesto en relieve.

    Habla, ahora, del sexo de las tortugas, los cocodrilos y los lagartos. Y la temperatura, que es el factor ambiental, y de los saltamontes, y su colorido… de las abejas... y habla del caso de los gemelos homocigóticos o vitelinos.

    MIN. 49. Después del genoma humano y lo que da de sí la genética… me lleva a la epigenética. Pero él habla del fenotipo y su protagonismo y del ambiente, ”sin embargo”…

    SEGUNDA RAZÓN en ”favor” del cerebrocentrismo: la avenencia [MIN.53] con el individualismo en su perspectiva histórica.

    MIN. 59. ”La Naturaleza, ahora, del Capitalismo Neo-liberal: <<El uno por el otro>>

    Lejos queda Max Weber en su obra ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’. El ahorrar en vez de consumir, que hoy sería el hombre neuronal y el espíritu del capitalismo neo-liberal. El cerebro viene a funcionar entonces como una cobertura ideológica del capitalismo y del consumismo.

    El cerebro está funcionando como una ideología.

    1H02MIN. Y los desajustes del individuo se entienden como desajustes técnicos y defectuosos, como daños colaterales.

    TERCERA RAZÓN

    El ascenso de la neurociencia es correlativo al declive de las humanidades, incluyendo la filosofía, y las ciencias sociales.

    1H08MIN. La figura del consumidor ha suplantado a la figura del ciudadano o a la figura de la persona.

    Cita ahora, ¿Qué nos hace humanos? de Michael S. Gazzaniga. Respuesta: los genes y el cerebro. Si habla de la cultura y de la historia, ella misma ya está naturalizada de este modo.

    Y ‘El cerebro hizo al hombre’ de Antonio Damasio, que nos explica todos los mecanismos por los que el cerebro produce el yo, la mente, y la conciencia y nos hace humanos.

    Luego, todo lo que tú puedas imaginar… es ahora una NEURO [neurocultura]

    Y dice que eso significa que hay un complejo por parte de las Ciencias Sociales y de los científicos y de los autores concretos, hay un complejo ante la neurociencia, de tal manera que no sé si para venderse, para actualizarse, o para dar fundamento a sus disciplinas… ¿Y qué aportan? Neuroimágenes. ¿Y qué nos aportan las neuroimágenes? Un lugar del cerebro donde se consume glucosa, que está relacionado con una actividad humana, medida en una situación completamente artificial.

    Luego, mención a los libros: El hombre neuronal, El cerebro social, El yo sináptico. Y puedes leer estos libros y luego no sabemos más acerca del yo social sino menos.

    Y también la falta del pensamiento crítico y la falta de educación que denuncia Nussbaum.

    Tres culturas son necesarias en todos nosotros, las ciencias sociales, las ciencias naturales y las humanidades.

    Fin de esta primera parte.

     

  6. EN RESPUESTA A MARINO PÉREZ

    La basura genómica ya es medicina

    Casi medio centenar de científicos demuestran que los cambios genéticos asociados a 400 enfermedades no son caprichos del ADN, sino sus circuitos de regulación

    Javier Sampedro Madrid 8 SEP 2012 – 22:25 CET

    Entre los muchos tesoros que guarda la ‘materia oscura’ del genoma, el tradicional y erróneamente llamado ‘ADN basura’, los que tienen una utilidad más inmediata son los implicados en la enfermedad humana. La mayor parte de las variaciones hereditarias que se han asociado a enfermedades, o al riesgo de contraerlas, se hallan camufladas en esos desiertos genómicos y hasta ahora nadie sabía cómo interpretarlas. Las últimas investigaciones les han ofrecido un trabajo bien digno: regular a distancia a los genes en los tiempos y lugares adecuados. La basura genómica ha entrado por la puerta grande en la medicina.

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    Fuente: Science y elaboración propia. / HEBER LONGÁS / EL PAÍS

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    Como parte del programa Encode (acrónimo inglés de Enciclopedia de elementos de ADN), un macroproyecto de 400 científicos para descubrir y censar todos los segmentos funcionales ocultos en la ‘materia oscura’ del genoma –que supone el 98,5% de todo el ADN humano–, un equipo coordinado por John Stamatoyannopoulos, profesor de genómica y medicina de la Universidad de Washington, ha demostrado que la mayoría de los cambios genéticos asociados a más de 400 enfermedades no son caprichos de la basura del ADN, sino que afectan de lleno a los circuitos de regulación de los genes propiamente dichos. Presentan sus resultados en la revista ‘Science’.

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    Los genes solo ocupan una minúscula fracción del genoma”, explica Stamatoyannopoulos, “y la mayor parte de los esfuerzos para mapear (localizar en el ADN) las causas genéticas de las enfermedades humanas se han visto frustrados por resultados que apuntaban fuera de los genes”.

    Los experimentos a los que se refiere Stamatoyannopoulos se llaman “estudios de asociación de amplitud genómica” (‘genome-wide association studies’, o GWAS en la jerga). Se han hecho varios cientos en la última década, y consisten en buscar correlaciones estadísticas entre una enfermedad, o la propensión a contraerla, y una variación en el ADN. Los estudios se hacen en poblaciones, a ser posible muy homogéneas como los mormones o los islandeses. Si las personas que sufren la enfermedad suelen llevar cierto cambio en el ADN, y las personas sanas no lo llevan, ese cambio se convierte en un sospechoso como factor causal.

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    Esta estrategia ha servido para identificar algunos genes como responsables principales de una enfermedad u otra. Si la zona del genoma que varía en la población coincide con un gen, y si ese gen interviene en procesos que están obviamente relacionados con la enfermedad en cuestión, los investigadores consiguen un argumento muy elocuente para la implicación crucial de ese gen en esa patología.

    El problema es que, en la mayor parte de esos estudios de asociación, las variantes genéticas que aparecen relacionadas con la enfermedad no están en ningún gen, ni si quiera cerca de ningún gen. El grueso de toda esa variación identificada en los GWAS, en los estudios de poblaciones humanas, resulta estar ‘in the middle of nowhere’, en mitad de ninguna parte, como dicen los ingleses: en pleno desierto de genes, en plena ‘materia oscura’ del ADN, salpicada sin ton ni son por los vertederos de basura genómica. O lo que hasta ahora se consideraba basura genómica. Esto parecía dar al traste con la esperanza de encontrar los genes implicados en las principales enfermedades humanas.

    Pero no es así. “Ahora”, prosigue Stamatoyannopoulos, “sabemos que todos esos esfuerzos no fueron en vano, y que sus resultados estaban realmente apuntando a los ‘sistemas operativos’ del genoma, cuyas instrucciones están camufladas en millones de posiciones a lo largo del genoma”. El científico de Washington ve los resultados de su equipo como una “nueva lente” para identificar cuál es la responsabilidad de la genética en la enfermedad

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    Las metáforas sobre las “instrucciones camufladas” y los “sistemas operativos del genoma” pueden resultar algo vaporosas, pero lo cierto es que tienen un significado muy preciso en la realidad de la genética. Los genes son ‘textos’, o secuencias de ADN (ttagatcgccta…) que ‘significan’, o determinan, otro tipo de ‘texto’, las secuencias de aminoácidos (LDRL…) que constituyen las proteínas, las ‘nanomáquinas’ en las que se basa la vida, las que permiten los flujos iónicos que transmiten la información por nuestras neuronas; las que catalizan todas las reacciones químicas que permiten a nuestras células alimentarse de energía y usarla para reconstruir sus propios componentes; las que se pegan a ciertos sitios en el ADN y modifican crucialmente sus pautas de activación.

    El primer gran éxito de la biología molecular, en los mismos años sesenta en que los Beatles barrían en el show de Ed Sullivan, fue descifrar las claves de esa ‘traducción’ de un texto (ttagatcgccta…) en otro (LDRL…) . Cada tres letras del ADN (tta) significan un aminoácido en la proteína (L). El significado original del término ‘código genético’ -ya casi un arcaísmo al poco de cumplir sus 50 años– era precisamente ese ‘diccionario’ para traducir el lenguaje del ADN al lenguaje de las proteínas.

    Esta pieza fundamental de conocimiento, que se derivaba directamente del descubrimiento de la doble hélice del ADN en 1953 por Watson y Crick, condujo a la percepción generalizada –entre la comunidad científica– de que los genes no eran más que esas secuencias de letras de ADN (ttagatcgccta…) que significaban secuencias de aminoácidos en las proteínas (LDRL…).

    El problema de fondo es que la definición de ‘gen’ que hemos estado utilizando hasta ahora es demasiado simple, como ha explicado uno de los líderes del proyecto Encode, el jefe de genómica del laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York, un mito de la biología molecular y predio durante medio siglo de uno de los dos descubridores de la doble hélice del ADN en 1953, James Watson.

    “El problema”, explicó Gingeras en 2009 a este diario, “viene de muy atrás, de cuando la transmisión de la información hereditaria se veía como un problema más filosófico que bioquímico, y de los primeros trabajos sobre el ADN y sus mecanismos.; todo aquello se hizo en bacterias, que tienen unos genomas muy simples, y son los modelos con los que hemos intentado entender los genomas complejos”. Sin éxito, en gran medida.

    Stamatoyannopoulos y sus colegas de Washington no se han limitado a localizar (‘mapear’) las variaciones asociadas a enfermedades que se escondían en la basura genómica y por tanto no podían haber sido interpretadas hasta ahora. También han demostrado que, pese a estar fuera de los genes, y por lo general a enormes distancias de ellos –que pese a estar ‘in the middle of nowhere’, o en mitad del desierto genómico– son los verdaderos responsables de las enfermedades de sus portadores, o de la propensión a contraerlas.

    Son, después de todo, los resultados legítimos que los científicos estaban buscando. Aunque estén fuera de los genes, aunque sean ‘basura’, son los verdaderos culpables de buena parte de la aflicción humana. Las variaciones hereditarias camufladas en la materia oscura del genoma son las cartas marcadas, o los dados cargados, con los que nace cada individuo en la lotería genética de la que todos somos producto. Una lotería cuyo bombo, realmente, ya estaba girando en las gónadas de nuestros padres mucho antes de que nosotros fuéramos ni siquiera un proyecto.

    La vanguardia de la biología cada vez tiene más de matemáticas –probablemente el destino de cualquier ciencia seria–, y los científicos de Washington han producido una notable cantidad de ‘datos duros’ sobre la lógica profunda de las principales enfermedades humanas. Todos ellos son sorprendentes e iluminadores. Han calculado, por ejemplo, que el 76% de las variantes genéticas ‘huérfanas’ –las asociadas a enfermedades en los estudios (GWAS) de la última década pero que no estaban en ningún gen– han dado en el clavo realmente: están dentro, o al menos muy cerca, de los tramos de ADN ‘basura’ que no es tal basura: los que, según ha demostrado el nuevo estudio, están implicados en la regulación de los genes propiamente dichos. Es ADN regulador camuflado entre la materia oscura, una joya en la basura.

     

    La mayoría (el 88%) de esas zonas de ADN regulador que coinciden con las variantes que habían sido asociadas a alguna enfermedad en los estudios de población están activas durante el desarrollo fetal. Casi todas estas enfermedades se revelan solo en el adulto, pero parecen tener su origen en alteraciones del desarrollo fetal.

     

    Pero el mayor éxito del trabajo de Stamatoyannopoulos y sus colegas de Washington es que sus resultados tienen sentido biológico: la diabetes, las enfermedades metabólicas y la resistencia a la insulina, por ejemplo, convergen en los circuitos genéticos centrales para la regulación del metabolismo de la glucosa. Ha emergido del caos un concepto.

    Cáncer en la avanzadilla

    EMILIO DE BENITO

    El descubrimiento de la utilidad de las zonas basura del genoma complica de manera extraordinaria la búsqueda de la causa genética de las enfermedades. Como ha publicado Science proyectos como el Encode (acrónimo de Enciclopedia de Elementos de ADN en inglés) van en la misma dirección. Pero, quizá, la avanzadilla esté en el proyecto ICGC (siglas en inglés de Consorcio Internacional para el Genoma del Cáncer),

    en el que participa un grupo de la Universidad de Oviedo dirigido por Carlos López-Otín. Este estudia la leucemia linfocitaria crónica, unos de los ocho tumores que están en la primera fase de un trabajo que quiere llegar a establecer los mapas genómicos de unos 50 tumores.

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    El equipo de López Otín ya ha identificado más de 60 genes relacionados con la leucemia. Y, lo que es más preocupante (aunque interesante a la vez) es que solo uno, el Notch1, coincide en más del 15% de los pacientes. “El mapa se va complicando”, ha dicho el investigador, que ha presentado este trabajo en el congreso de la Sociedad española de Bioquímica y Biología Molecular de Sevilla.
    Pero nada cae en saco roto. Si cada vez está más claro que las enfermedades monogenéticas son una minoría —si no, sería demasiado fácil— en este caso por lo menos se sabe que las personas con mutaciones en ese gen van a tener un pronóstico complicado, lo que ya es una pista a la hora de establecer terapias.

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    En cualquier caso, sea dentro de genes tal y como los conocemos actualmente (secuencias de ADN que tienen una traducción biológica en una proteína) o en las zonas que sirven para controlarlos, todo este estudio a gran escala tiene un objetivo: encontrar las mutaciones que determinan cada enfermedad y su pronóstico. Es lo que en oncología ya se llama medicina personalizada. Se trata de una revolución que empezó caso a caso (el famosos hallazgo de los genes Brca1 o Her1 en el cáncer de mama) que ha llevado a tratamientos específicos.

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    Ellos fueron los primeros de una tendencia que va en aumento. Como dice un editorial de la revista Science, todo este trabajo tiene un objetivo: encontrar biomarcadores, secuencias de ADN o proteínas relacionadas que permitan detectar rápidamente que enfermedad afecta a cada uno, como la PSA del cáncer de próstata. Y ese será el primer paso para el diagnóstico y para el tratamiento.

  7. Francisco Mora: Todo lo que hacemos en la vida puede repercutir en nuestros genes

     

    El ser humano es espejo y creador de todo lo que le rodea, incluido él mismo, porque podemos orientar la información de su aprendizaje y de la memoria en la dirección que, de alguna manera, nos gustaría que llevara, declara en la siguiente entrevista el neurólogo Francisco Mora. También señala que muchas cosas de las que hacemos en nuestras vidas pueden repercutir potencialmente en nuestra herencia genética, si bien de forma reversible. Asimismo declara que se puede envejecer de manera activa, productiva, llena de emoción y saludable porque el proceso de envejecimiento se puede retrasar. Por Rafael Cordero Avilés.

     

    Francisco Mora es doctor en Medicina por la Universidad de Granada y en Neurociencias por Universidad de Oxford, catedrático de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y de Fisiología Molecular y Biofísica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos. Ha escrito más de cuatrocientos trabajos y comunicaciones científicas en el campo de la neurobiología y cincuenta libros, entre ellos, el Diccionario de Neurociencia y Neurocultura.

    ¿En este momento, qué sabemos del cerebro? ¿Y qué nos queda por saber?

    Lo que sabemos del cerebro es lo que yo he querido expresar en el libro ¿Cómo funciona el cerebro? La gente, de alguna manera, todavía sigue hablando del cerebro como un computador. Es decir, una máquina que recibe información, la procesa, y la almacena o no, en función de la respuesta que va a emitir. La cuestión está en que los ordenadores son máquinas construidas por el hombre. Yo no quiero llamar ‘máquina’ al cerebro humano, porque el concepto de máquina es absolutamente diferente y, cuando utilizas el mismo término, inmediatamente se le une ese concepto, lo que es erróneo. El cerebro es un órgano que se ha construido a lo largo de quinientos millones de años de azar y reajustes, y no una máquina como las que el hombre ha construido a lo largo de los últimos cincuenta años. ¿Cuál es la esencia de esa distinción? La esencia es el constante dialogo que existe entre cada uno de los componentes de ese cerebro, es decir, las neuronas. Cada neurona se comunica con otras, en un proceso constante y enorme de tráfico. Se trata de un proceso complejo que no puede realizar ningún ordenador. El cerebro contiene unos cien mil millones de neuronas, sin contar otras células importantes en la comunicación, como son los astrocitos. Esos cien mil millones están en constante ‘conversación’.

    ¿Se puede inferir que la capacidad que tiene el cerebro es ilimitada?

    No, porque si decimos eso, vamos a acabar con el tópico de que el aprender no ocupa lugar. Eso es un neuromito, y hay que acabar con ellos. El aprender ocupa lugar y tiempo. El aprendizaje es un proceso que ocurre en el cerebro. Intervienen muchas áreas pero, finalmente, se deposita en una región que denominamos hipocampo, al menos para las memorias que llamamos conscientes o explícitas. Y el aprendizaje y la memoria significan, en última instancia, cambiar el cerebro. Y hablo de física y química, de conexiones. Las sinapsis cambian con el proceso de aprendizaje. ¿Qué quiere decir que he aprendido algo? En esencia, que he cambiado mi cerebro. Y de ahí se llega a lo que muchas veces se ha pensado que eran expresiones filosóficas. Y es que no podemos conocernos a nosotros mismos, porque nuestro cerebro está constantemente cambiando. Somos alguien nuevo cada día. Nosotros no somos, y lo sabemos, el niño que fuimos cuando teníamos quince años. No somos el mismo que hace diez años, ni tan siquiera que hace tres años. Hemos cambiado. Como el río de Heráclito. Jamás es el mismo río. Y eso es importante saberlo. Lo que sin embargo, sí podemos hacer y fíjese usted, también es filosofía-, es llegar, de alguna manera, a construirnos a nosotros mismos. El ser humano es espejo y creador de todo lo que le rodea, incluido él mismo. ¿Por qué? Porque podemos orientar la información de ese aprendizaje y de la memoria, en la dirección que, de alguna manera, nos gustaría que llevara.

    Y todo esto forma parte de lo que yo entiendo por neuroeducación. El día en que lleguemos a conocer de verdad cómo hay que enseñar, la perspectiva de la docencia en las guarderías, en los colegios y en la Universidad, e incluso en la misma sociedad, cambiará de una manera radical. En definitiva, el ser humano es espejo y creador de todo lo que le rodea, incluido él mismo.

    Parece que la tradicional y artificial división entre ciencias y humanidades no va con la evolución de los actuales conocimientos. ¿Cuál es su opinión sobre ello?

    Mi opinión es que conocer cómo funciona el cerebro nos llevará a una convergencia de esas dos grandes áreas del saber. De ahí nace la neurocultura. Precisamente yo defino la neurocultura como un reencuentro entre la neurociencia, que es el conjunto de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, y los productos de ese funcionamiento que es el pensamiento, los sentimientos y la conducta humana. Esto, en esencia, también quiere decir una reevaluación lenta de las humanidades. O también, si se quiere, un reencuentro, esta vez real y crítico, entre ciencias y humanidades.

    Usted se basa mucho, en sus escritos y libros, en la teoría de la evolución. Sin embargo, ha habido un cierto revisionismo de esa teoría.

    Revisionismo sí, pero la esencia de la teoría no es discutida. Azar y necesidad. Por un lado, mutación genética no programada, sino azarosa. Por otro lado, ese determinante poderoso, que es el medio ambiente, donde se produce esa mutación. Y este último es el que determina si las mutaciones ocurridas tienen un valor de supervivencia o no. Ésa es la esencia. Hoy, además, hay un actor nuevo en esta película: la epigenética. ¿Cómo no discutir sobre ella, si nos está hablando de una evolución casi lamarckiana? Lo cierto es que mucho de lo que usted haga en su vida, como es fumar o tomar drogas, o llevar una vida estresante, así como los estilos de vida en general que lleven los individuos, pueden cambiar el genoma a nivel “funcional”, y esto ser transmisible a sus hijos, o nietos, o incluso biznietos.

    Entonces, ¿muchas cosas de las que hagamos en nuestras vidas pueden repercutir potencialmente en nuestra herencia genética?

    Sin duda, aun cuando de modo reversible. La epigenética es un área de conocimiento relativamente nueva. ¿Qué significa “reversible”? Desde luego, con nuevos fármacos se puede desmetilar lo que se ha metilado. Pero son aspectos que chocan en esa dimensión, que antes creíamos imposible, de que ciertos caracteres pueden ser heredables.

    Usted es especialista en envejecimiento cerebral y éste, claramente, consiste en un deterioro de las funciones. ¿Se podría retrasar el envejecimiento y, si es así, ¿estamos abocados, de alguna manera, a un mundo de ancianos?

    El envejecimiento del cerebro es un proceso fisiológico que se puede cursar sin enfermedades. Se puede envejecer “con éxito”, como decimos los especialistas, es decir, de manera activa, productiva, llena de emoción y saludable. Y eso tiene que ver con la pregunta sobre si se puede retrasar el proceso de envejecimiento. La respuesta es sí. Nuestro envejecimiento, el envejecimiento humano, es dependiente en relativa medida de los genes que heredamos (en un 25 por ciento, es decir, los padres longevos pueden tener hijos longevos), y mucho más de los estilos de vida que desarrollamos (en un 75 por ciento). Ya hablamos en otra ocasión sobre las doce claves que he propuesto como camino para ralentizar el envejecimiento del cerebro. A ellas me remito.

    Y con respecto a la última cuestión, sí creo que estamos abocados, en el futuro, a vivir con gentes mayores y longevas. Pero también espero y confío en que sean gentes activas y sanas, capaces de alcanzar edades provectas sirviendo a la sociedad. Digo bien lo de “ayudar a la sociedad”, aun cuando no me refiero con ello a que cumplan en puestos ejecutivos de ningún tipo, sino ayudando activamente a los demás en las muchas y múltiples tareas que podrían cumplir, en una sociedad tan necesitada de gentes que devuelvan en tiempo y agradecimiento lo que tal vez hayan recibido antes de esa misma sociedad. Todas estas ideas las he desarrollado lenta y reposadamente en el libro El sueño de la inmortalidad. Envejecimiento cerebral, dogmas y esperanzas, que quizá interese a algunos de los lectores.

  8. Ayer estaba mirando una vela derretirse y me acordé de ti. Hoy lo he vuelto a hacer, y luego he intentando apagarla y no podía, y entonces me he puesto a buscarte. Así que si ves investigaciones por algún sitio, sabes que he sido yo.
    Necesitaba hacerlo, no sé realmente por qué. Pero me emociona un montón haberme cruzado con Kasandra. No quiero indagar porque no sé si a ti te apetece que lo haga. Pero quiero decirte que si te apetece mándame un correo donde siempre y nos ponemos al día :)), si no te mando igualmente un abrazo enorme. y decirte que me acuerdo de ti en un muchas ocasiones en las que viajo en mi mente, libre, como yo quiero. Un beso enorme.

  9. Un beso enorme y feliz año, que eso no te lo dije pero no estaba acá, ya, aquí estuve algún tiempo. He vuelto al espíritu del camino. Sucedió algo bueno que me hizo regresar

  10. Feliz año bonita!. Me alegra que sucedan cosas buenas!!, no te he dicho nada porque creo que sobreentiendes que soy todo oídos, o ojos más bien, para todo lo que quieras. Sabes donde estoy :)). un largo abrazo.