LARRASOAÑA / PAMPLONA (Iruña), 16,2 km – 3ª (Tercera) ETAPA DEL CAMINO FRANCÉS

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LARRASOAÑA PAMPLONA/IRUÑA( 16.2 Kms)
1. Larrasoaña – Akerreta– 1.0 Km

El Puente de los Bandidos sobre el Arga es la referencia para salir de Larrasoaña. El Camino toma una carretera local y, muy pronto a unos 700 metros en cuesta, se alcanza la primera población de esta etapa: Akerreta

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2. Akerreta – Zuriain 3.2 Km
Una deliciosa senda totalmente pegada al Arga, que discurre por el interior de un espeso bosque, hace las delicias del caminante en este agradable recorrido.

Será necesario en este tramos abrir y cerrar algunos portillos.

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3. ZuriainIrotz– 2.0 Km
Dos kilómetros es la distancia que separa a estas dos pequeñas aldeas, la primera parte, unos 600 metros, se camina por la derecha del río y por el asfalto de la N-135, y la segunda por la izquierda y por pistas de tierra.

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4. Irotz Zabaldika– 1.5 Km

Tras cruzar Irotz, se pasa nuevamente al otro lado del río por un puente y el andadero se pega, en esta ocasión, al asfalto de la carretera, por esta razón no es un tramo muy agradable, pero es muy corto, apenas un kilómetro y medio y nos encontramos en Zabaldica.

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5. Zabaldika Arleta– 1.9 Km

Superado Zabaldica, nos encontramos con una pequeña área de descanso, desde donde se inicia un suave remonte hasta media ladera. El peregrino tiene a su izquierda Arteta y frente a él un nudo de circulación, que se cruza por un paso subterráneo y enseguida un giro de 90 grados a la derecha para seguir andando por un camino de tierra que bordea toda la ladera del monte. Este andadero nos lleva directamente hasta el antiguo y peregrino puente de Trinidad de Arre.

Nos consta que por esta área se han colocado señales que conducen al albergue de Huarte, y que por tanto desvían al peregrino de la ruta propiamente dicha. El peregrino puede tomar la decisión de hospedarse en dicho albergue, pero debe saber que para ello se sale de la traza del Camino.

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6. Arleta Trinidad de Arre/Villava– 2.9 Km

A la salida del núcleo de población se puede ver la ermita de Ntra. Sra. de las Nieves al otro lado de la carretera.

Por un angosto paso bajo la N-121, se alcanza una pista que bordea un pinar, y mientras caminamos en paralelo a la vía de circulación nos vamos acercando a Trinidad de Arre, que alcanzamos por el puente medieval sobre el río Arga.

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7. Trinidad de Arre/VillavaBurlada– 0.5 Km

Tramo de ciudad: calles, aceras, cruces, semáforos, gentes y toda clase de servicios dan la bienvenida al caminante.

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8. Burlada – Pamplona/Iruña- 3.2 Km

Este trecho, también se desarrolla por el asfalto y entre edificaciones, pero el acceso a la Capital es quizás por uno de los lugares más bonitos, por el barrio de La Magdalena, antesala de las antiguas murallas que defendían la ciudad, siendo el Portal de Francia la entrada al casco antiguo. ¡Bienvenido peregrino a La Capital de Navarra!

MUNDICAMINO

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05.03.04 Viernes. LarrasoañaCizur Menor (064):

Ha sido imposible dormir. La ventana del cuarto no tenía cristal y la helada se me ha metido en el cuerpo. Ha hecho mucho mucho frío. Me he metido vestido dentro del saco que he colocado sobre una manta y encima me he puesto cuatro más. Pero no he podido entrar en calor. Me he pasado la noche tiritando. Ha debido de hacer muchísimo frío. Tras superar el mal humor contra mi mismo por buscarme estos problemas extras, me he ido a desayunar. El café y las tostadas me han entonado, pero al rato he empezado a estornudar. En fin, que he pillado un catarro descomunal. El resto de peregrinos me cuenta que ha dormido bastante bien, calientes y acunados por el roncar y demás ruidos de los demás.

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Sigue todo nevado, pero parece que templa un poco la temperatura. Caminando me encuentro bien y con el pañuelo a mano, resuelvo mis problemas. En las cuestas me ahogo un poco, pero aguanto bien.

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ALFONSO BIESCAS

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Nos levantamos muy temprano para iniciar la marcha. Al llegar a Larrasoaña, nos detuvimos en el Ayuntamiento de la localidad, donde el alcalde nos acogió calurosamente y nos entregó una cinta amarilla con la vieira de Santiago dibujada para que la colocaramos en la mochila. Todo un detalle por su parte.

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Ayuntamiento de Pamplona

*enlace: Ayuntamiento de Pamplona

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Desayunamos en este pueblecito en un bar en el que el dueño se empeñó de forma un tanto obsesiva en darnos de comer una barra enorme de pan. Recuerdo que pasamos calor en nuestro recorrido a Cizur Menor. Perdimos de vista durante un tiempo a Cristina y Heloísa, se quedaron atrás porque Guada y yo caminábamos a un ritmo más rápido que ellas. Recuerdo que al llegar a Pamplona, un peregrino hizo mención a su hija del bueno ritmo que llevábamos las dos, enérgico y constante.

Entramos en la ciudad cantando. Lo importante durante la ruta es no hacer demasiadas paradas, las justas para reponer energía y descansar un poco. Las articulaciones se enfrían con cada parada y reanudar la marcha supone entonces una auténtica tortura china. También es importante no ingerir alimentos pesados durante la marcha.

Recomiendo hacer alguna que otra paradita en los pueblos para tomar algo ligero (así también puedes hablar con las gentes de los pueblos), salir temprano (aunque sin pasarse) del albergue y comer “de verdad” en el punto de destino de la etapa.

Así se puede dedicar la tarde a visitar el pueblo elegido para pasar la noche, conocer a sus gentes, disfrutar de una buena ducha, elegir cama, y cenar en el albergue en compañía de otros peregrinos o en un restaurante y probar lo típico del lugar.

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Pamplona, la ciudadela

*enlace: La Ciudadela – Pamplona

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Estuvimos varias horas en Pamplona, quizás demasiadas. Heloísa y Cristina decidieron quedarse más tiempo en la ciudad, pero Guada y yo optamos por continuar el camino hasta Cizur Menor. Temíamos quedarnos sin albergue, se estaba haciendo tarde. Recuerdo que nos costó bastante salir de Pamplona y decidimos huir de la gran urbe y refugiarnos en Cizur, donde, según mi maravilloso libro (editorial El País/Aguilar), nos aguardaba un precioso castillo de la Orden de Malta donde se podía pernoctar.

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Recuerdo una visión maravillosa de esta fortaleza al subir por la cuesta que va de Pamplona a Cizur Menor. Se divisaba a lo lejos el flamante fuerte, sobre el que ondeaba la famosa y preciosa cruz de la orden. Nos hicimos varias fotos con el castillo y la bandera de fondo, pero finalmente nos tuvimos que buscar refugio en otro albergue, y acabamos dejando nuestras mochilas en el refugio privado de Maribel, un lugar muy agradable y limpio. Nos duchamos nada más dejar las mochilas en la habitación y Maribel nos enseñó a curar las ampollas. Guada tenía los pies destrozados aquel día… en cambio yo sólo tenía una ampolla y no me molestaba demasiado. Maribel introdujo una jeringuilla de diabético en la ampolla para retirar el líquido y luego desinfectó la zona. Esa noche Guada y yo cenamos en el albergue, mientras que Cristina y Heloísa lo hicieron en un restaurante. En el comedor del albergue conocimos a nuestro amigo de Barcelona, un hombre encantador de unos 50 años aproximadamente, que en principio sólo pretendía caminar unos cuantos días por la Ruta Jacobea. Me acuerdo perfectamente de que llamó a su mujer delante de nosotras para comentarle que se iba a quedar unos días más de lo previsto porque le estaba gustando la experiencia.

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Más tarde supe por Guada que llegó a Santiago… y es que el Camiño “engancha”, vaya si engancha… Esa noche nos lo pasamos muy bien. Guada y yo no dejábamos de reír. Para no molestar a los demás peregrinos y como teníamos ganas de “marcha”, decididmos dar una vuelta por la noche por el pueblo y tomarnos unos vinitos en el restaurante en el que estaban nuestras compañeras. Lo pasamos realmente bien ese día, brindamos por nosotras. Aquella noche dormí como una auténtica reina.

HELENA, en el diario de MIRADA DE AGUA, Septiembre/ 04 –

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APALA WEBSITE

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Larrasoaña Puente la Reina

3ª etapa, 29-12-1999
38,5 km

Hoy tampoco he dormido gran cosa.
Después de sacar anoche todas las cosas de la mochila y extenderlas para que se fueran secando, ahora toca irlas recogiendo por aquí y por allá.
Los de Benicarló se despiden. Dicen que seguramente volverán en otra época.

Salgo poco después de marcharse ellos. Cierro la puerta y echo la llave en el buzón de una casa cercana, como nos dijo anoche el alcalde.

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El día amanece con algo de niebla. Pronto hacen acto de presencia el barro y el agua. Menos mal que al borde del camino hay piedras grandes, colocadas evidentemente para caminar sobre ellas cuando se forma tanto barro como hay ahora. Sólo que en un tramo esas piedras grandes están desplazadas de su sitio (¿por alguna razón de fundamento o para fastidiar?) y el barro es inevitable.

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Un dedo de un pie empieza a dar señales de avería. En algún momento se echa de menos algo más de señalización. Como el dedo no deja de incordiar, miro a ver qué le pasa: aparentemente poca cosa, pero el calcetín está ensangrentado (lección: si hay síntomas de avería hay que parar lo antes posible, para evitar males mayores).

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Más y más barro, desesperante por momentos (es que hay mucho y de una consistencia tal que se agarra con una facilidad pasmosa a las suelas).

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El paso por las poblaciones más importantes (Burlada y Villava) no resulta muy agradable, pero se ve compensado por la espectacular entrada en Pamplona.

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El tránsito por sus calles se convierte en un slalom entre gente y más gente que anda de compras. La c/ Mayor está levantada, por obras, y la sensación (entre el gentío y la maquinaria) es un tanto caótica. Igual resulta que no había tanta gente y todo es cuestión de contraste entre la calma de los pueblos y la actividad de la ciudad.

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Camino del alto del Perdón, lo que la guía menciona como rodadas por las que hay que desviarse desde un camino son, más bien, el enésimo barrizal de la jornada. Paciencia.

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Los generadores de energía eólica los había visto muchas veces, pero nunca de tan cerca. Parecen gigantes. De hecho, al coronar el alto se ve a la derecha a un grupo de desafortunados peregrinos que quedaron petrificados (más exactamente, metalizados) tras ser alcanzados por sus aspas.

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El descenso es bastante incómodo, por las muchas piedras sueltas. Los pies protestan, los hombros amenazan con dejarlo (lección: la mejor forma de acostumbrarse al peso de la mochila no es, como de hecho estoy haciendo, llevarla mucho tiempo seguido sin quitarla, sino descansar de vez en cuando para que los hombros se recuperen).

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Me gustan los pueblos por los que se va pasando (Uterga, Muruzabal, Obanos…; también Zariquiegui, antes), aunque sólo sea por lo tranquilos que parecen.

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No me desvío para ver la iglesia de Eunate porque ya la vi en otra ocasión y porque se me haría de noche si voy allí.

En Puente la Reina se ve luz en el refugio, pero parece cerrado. Voy al edificio de los Padres Reparadores para sellar y pagar (300 ptas.) y me dicen que el refugio está abierto, que hay otros dos peregrinos, que empuje fuerte la puerta.

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Pues es verdad, estaba abierto. Al entrar, la primera impresión es de suciedad; la segunda, de preocupación: al dejar la mochila no puedo levantar los brazos, los hombros me duelen bastante. Saludo sin mucho entusiasmo a los 2 peregrinos, un gaditano (José Antonio) y un venezolano, aunque afincado en Brasil (Carlos).

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Me quedo un rato sentado, sin ganas de hablar ni de hacer nada, pensando que mañana estaré mejor, que no volveré a hacer etapas tan largas y que, si el tiempo se mantiene como hoy, el barro irá desapareciendo. No me acabo de convencer.

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En esto, el venezolano habla con el gaditano de ir al pueblo a comprar cosas para hacer una ensalada y le pregunta:

–¿Te provoca?

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El gaditano no parece comprender el sentido profundo de la pregunta (yo tampoco). Carlos repite la pregunta y José Antonio entiende (yo también) que equivale a “¿Te parece bien?”

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Al comentar de dónde venimos cada uno y dónde hemos empezado el Camino, el venezolano (que también lo empezó en St. Jean Pied de Port y que coincidió con José Antonio en Roncesvalles) dice que Mme. Debril no le quiso dar la credencial (no la había conseguido antes de venir a España) porque no se creyó que realmente fuera a hacer el Camino. En cambio, en Roncesvalles (donde Mme. Debril decía que tenían mucho más control sobre los intereses reales de los que por allí pasan) se la dieron sin más.
Le pregunto por el albergue de Zizur:

–Excelente (suena algo así como “ecseleeente”).

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El agua caliente de la ducha parece tener un efecto balsámico en los hombros, que hasta empiezan a dar señales de movilidad.
Tras volver ellos de hacer compras, me acerco a ver la iglesia del Crucifijo (frente a los Reparadores) y leo su historia en un folleto.
Doy un breve (por el frío y porque no estoy para muchos trotes) paseo por el pueblo, hago las pertinentes compras y vuelvo al refugio.

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Preparo unos espaguetis en una cocina que está a tono con el resto: tiene el aspecto de no haber visto pasar por allí una escoba desde hace semanas.

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Carlos y José Antonio se empeñan en encender fuego en la chimenea (el refugio no tiene calefacción), a pesar de que no hay mucho material aprovechable. Tras varios intentos esperanzadores acaban por dejarlo.

Un papel en la pared avisa del cierre del albergue de Estella en Nochevieja y Año Nuevo. Como llegaremos mañana, día 30, no hay problema.

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Otro más recuerda los servicios que ofrece el albergue de Torres del Río (ya vimos un anuncio similar en Larrasoaña) y añade que está abierto, “aunque en Los Arcos os digan lo contrario”.

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JAVIER SERRANO

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16 Respuestas a “LARRASOAÑA / PAMPLONA (Iruña), 16,2 km – 3ª (Tercera) ETAPA DEL CAMINO FRANCÉS

  1. .

    El recorrido de Zubiri a Larrasoaña se hace bastante pesado aunque apenas llega a los 6 Km., quizás el calor, la subida, llevar la barriga llena, por los 22 Km. ya realizados, y también por que volví a tener la compañía del malabarista y del alemán. Llegue a Larrasoaña bastante exhausto, fueron 28 Km. agotadores para un primer día.

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    El albergue está compuesto por dos plantas. En la baja tienen una habitación llena de literas, un poco agobiante por el poco espacio. Tiene un servicio mixto, y un poco pequeño. A mí me tocó ducharme con agua fría, cosa que me revitalizó. En la parte superior tiene más habitaciones. El hospitalero nos recibió en un saloncito lleno de toques peregrinos y nos invitó a escribir en el libro del peregrino.
    Después de recomponer y ordenar la mochila descansé durante media hora en la litera. Fue imposible dormir, el ir y venir de la gente era constante. Ante esta situación decidí dar una vuelta por el pueblo. Este es un agradable pueblo de montaña con casas muy arregladas y que la gente de Pamplona utiliza para pasar los fines de semana. Hay algunos edificios sorprendentes por el trabajo de marquetería y ebanistería que contienen sus fachadas. Tomé una cerveza con limón en una terraza con vistas al paisaje magnífico de los Pirineos

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    La cena la realice con Enrique, David y dos franceses mayores que me acompañarían hasta Logroño. Fue divertida por el personaje que dirige el restaurante que entretiene y divierte a los comensales. Es un espectáculo que no se debe pasar por alto.

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    A las 10 estábamos en la cama. Las habitaciones eran tremendamente pequeñas y el número de peregrinos por metro cuadrado excesivo. Estaba cansado, doloridos los pies, escocido en la entrepierna, por no ponerme el pantalón corto desde el primer día, y deprimido por la claustrofóbica habitación. Estuve un rato pensando si no me había equivocado y aquel no era mi mundo. Dormí como un lirón hasta las 4: 30 que me levante al servicio y cuando volví caí roque hasta las 6:30.

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    Día 3 LarrosoañaCizur (7/10/2002)

    Este día para evitar gente incómoda decidí emprender la marcha rápidamente. Cuando los extranjeros empezaron a moverse me levanté, a las siete y cuarto inicie el Camino. Los demás estaban esperando que abrieran el bar para desayunar.

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    La oscuridad lo inundaba todo pero el camino no tenía pérdida. Me costó arrancar y acostumbrar a las piernas a dar los primeros pasos. Me concentré en mis pensamientos y soledades y cuando quise darme cuenta llevaba 2 horas andando. Durante este recorrido se pasa por unos magníficos paisajes al lado del río. El aire fresco y húmedo inundaba mis pulmones. A la media hora empezó a amanecer y disfrute de la soledad y el silencio de los bosques. Después de algún tramo por carretera y de una fuerte subida se llega a Arre. La entrada se hace por un puente que da paso al refugio. Hubo gente que realizó la primera etapa hasta este puente, lo que representan 10 kilómetros más a los 28 iniciales, para mi excesivo y erróneo, los esfuerzos excesivos en el camino se pagan. Es mejor mantener un ritmo constante con paradas cada dos horas o dos horas y media, y en los primeros días no forzar excesivo quilometraje.

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    Arre y Villava están juntos y cuando llegué empecé a buscar un bar donde almorzar, eran las 9:45 y era necesario recuperarse. Estaban de fiesta y en el único bar que encontré abierto tomé un pincho de tortilla, coca cola y café. Un lugareño con alguna copa de más, una noche de parranda tiene sus efectos, me increpo pero me lo tomé con buen humor y no le di mayor importancia.

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    Llegue a Villava cansado por la voluminosa mochila y por el paseo del día anterior. La entrepierna la tenía escocida, lo que me producía molestias que me amargaban el camino. Estaba haciendo la etapa con el pantalón de chándal y el calor era considerable ya a esas horas.

    […]

    ALBERTO IBAÑEZ

  2. ZODIACO, ES UN PEREGRINO AL QUE LE GUSTA EXPLORAR EL CAMINO POR DENTRO Y FUERA DE SUS MÁRGENES…

    Un nuevo día ha llegado. Anoche me quedé dormido al momento, ya que llegué cansado tras más de doce horas de caminar. He dormido en la colchón superior de una litera. Esta noche, no he pasado frío. Por la noche entra la luz de las farolas a través de los cristales de las ventanas, por lo que no hay oscuridad. El refugio se queda abierto toda la noche, ya que no viene nadie a cerrarlo. Salgo del interior del saco de dormir, y preparo el equipaje.

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    Tras almorzar, a las nueve de la mañana , pese a ser las ocho la hora de cierre, salgo el último del albergue, junto al chico de Bilbao, llamado Pedro. No ha venido nadie a cerrar, se queda abierto. Por delante tengo un nuevo día de caminata, ésta vez para llegar a la primera gran ciudad del Camino, Pamplona. Por detrás, tengo mis chanclas y mi toalla debajo de la litera secándose, me he olvidado de ellas y aun no lo sé…

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    Llevo puestos el gorro de lana, los guantes y la chaqueta. Por la calle principal voy hacia la iglesia, dedicada a San Esteban, la cual sólo conserva de la época medieval los muros. Es de fachada blanca, como la mayoría de las casas, y en la torre del campanario tiene un reloj de agujas, además de una campanita en el tejado. Al llegar a ella giro a la izquierda. Suena una campanada, el pueblo se despide así de mí. La calle que acabo de coger va a parar al Puente de la Rabia.

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    El puente da nombre al pueblo, ya que Zubiri significa pueblo del puente. Es un puente gótico de dos ojos de medio punto, por debajo del cual transcurre el río Arga. Su nombre se debe a que es un rito tradicional de la región hacer dar tres vueltas al ganado en torno a su pilar central para resguardarlo de la rabia. Se supone que bajo ese pilar está enterrada Santa Quiteria, la cual produce la protección del animal. Pienso que no van a coger la rabia, pero porque se van a morir del resfriado que van a coger de meterse en el río para ponerse a dar vueltas sobre su pilar central…

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    En este punto me quedo contemplando el puente desde distintos puntos de vista : desde un lado, desde el centro … buscando buenas fotos. Pedro continúa su camino, y me quedo sólo. Pasan dos peregrinos que acababan de salir antes que nosotros y que se habían parado a comprar pan, uno es suizo y una es canadiense ( Quebec ). Así, me he quedado el más atrasado del día, para variar…

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    En el centro hay un balconcito, me asomo en él y observo el puente desde una perspectiva más. Me recuerda al puente romano de Mérida, de casi un kilómetro de longitud sobre el río Guadiana, que conocí el pasado julio, ya que tenía también el balconcito. Éste es su hermano menor, muy menor…Mientras estoy en el balcón, un coche atraviesa el puente, nunca me hubiera imaginado que está abierto a la circulación…

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    Continúo con mi caminar , un rato a pie y otro andando, tras haber escuchado las campanas de la iglesia que sonaban a modo de despedida al pasar junto a ella y dirigirme al puente. Al otro lado del puente retomo el Camino, que no pasa por el interior del pueblo. Un gorro y unos guantes de lana me protegen del fresco de una mañana de finales de octubre. Bueno, es más frío que fresco, la chaqueta la llevo atada hasta arriba…

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    El Camino de Santiago continúa hacia Larrasoaña sin cruzar el puente y por tanto sin entrar en la población, lo mismo que ocurre en Larrasoaña, el otro posible final de etapa. El puente se cruza si se quiere visitar Zubiri o pernoctar en el albergue, ya que el Camino transcurre por el otro lado del río.

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    Del puente se va a una zona de casas, donde debe de estar el cementerio, que no veo. Seguidamente me alejo del pueblo por un descenso pedregoso, hasta que un riachuelo cruza la senda. Lo paso por una losa colocada a modo de puente. El Camino transcurre por un modesto bosque y entre vegetación de baja altura. Observo a mi derecha cuatro burros comiendo hierba , uno es marrón, uno es blanco con manchas negras, otro blanco con manchas marrones y el último es todo blanco excepto la cabeza que es marrón… que variedad, hay para elegir, con lo iguales que parecen las ovejas…

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    El Sol no aparece y el fresco continúa. Abajo, a lo lejos, observo a vista de pájaro un pueblo, formado por casas blancas de tejado rojo, una iglesia antigua ( de coloración típica de piedra, diferente a la de las casas modernas ) y la carretera general que pasa rozando al pueblo. Supongo que debe de ser el siguiente pueblo de Camino, Larrasoaña, pero en verdad se trata de uno de esos pueblos por los que el Camino no pasa, pero yo sí. Larrasoaña está más lejos…

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    Llego a un cruce y voy hacia la derecha. Está por venir un tramo de Camino muy feo, famoso por la fábrica de magnesitas. Voy por la pista, pasando junto a unas instalaciones eléctricas, hasta llegar a su fin, una carretera, es la carretera de Osteritz. La tomo hacia la izquierda, y se trata de caminar por la carretera, sin arcén, y sin coches, escuchando el ruido de la fábrica de magnesitas. La carretera hace una ligera y constante subida. Me pongo a correr, ya que estar aquí caminando es perder el tiempo…

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    Corriendo adelanto a algún peregrino. Llega el momento en que una concha me dice que deje la carretera y me meta hacia la derecha, es como ir de Guatemala a Guatepeor. Se trata de atravesar los terrenos privados de la empresa de magnetitas, concretamente, la zona de acumulación de residuos de dicha empresa. A la entrada de la pista, justo cuando se deja la carretera, un gran cartel metálico dice : ” Atención, va a atravesar terreno industrial de MAGNA S.A. ( MAGnetitas NAvarras S.A. ) , no salga del recorrido “. Salir, no salgo, pero correr…

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    El ruido es fuerte, el panorama desolador. Tierra, camiones de obra, tuberías… En una tubería alguien ha escrito en pintura ” Santiago 715 km “, vaya ánimos … Al salir del tramo industrial un cartel avisa de ello. Dentro está todo señalizado, es una gran pista con una bajada final con tablones de madera a modo de escalones.

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    Alcanzo al peregrino de Bilbao, Pedro, que está parado cambiándose de calzado, ya que tiene ampollas en los dos pies, y le duelen. Yo lo único que tengo son ganas de volver a caminar disfrutando de ello y del paisaje, y estoy a un paso de ello. Me acerco a ver una pequeña catarata cercana, a la izquierda del Camino. La peregrina canadiense, que es la última del día ya que la adelanté al correr, nos alcanza y nos hace una foto juntos, es mi único recuerdo material del chico de Bilbao…

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    Dejo al chico con sus tareas de cambio de calzado y continúo mi caminar, por una calzada bonita de piedras colocadas. Llego a una zona de casas en la montaña, es una pequeña población llamada Ilarratz. Hay una fuente de piedra construida el año 1917. Es un rincón del mundo bonito para beber y descansar. Me saco la mochila, fotografío la fuente, y la observo. Tiene dos abrevaderos. Lleno la botella de agua, me quito los guantes y el gorro de lana, y retomo el Camino. En ese punto me han adelantado el chico de Bilbao y la canadiense. Tengo de nuevo el placer de ser el último de la etapa…

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    Tomo una carretera a la derecha, y por ella paso junto a dos caballos. Uno es la madre y el otro el bebé, que está lactando de la madre mientras ella come hierba. Me acerco, y me quedo observándolos mientras ellos también me observan de cerca. Los tres estamos pensativos, yo más que ellos. Somos tres animales, cara a cara. Son de color marrón, y la madre tiene una campana en el cuello. Tras acercarme bastante, les dejo tranquilos y me voy alejando, a lo que dejan de mirarme y la madre vuelve a comer hierba…

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    Sigo caminando, y a la derecha hay una especie de masía antigua con un pequeño cementerio, debe de ser la ermita de Santa Lucía. Está modernizada, ya que su fachada de siglos de antigüedad contrasta con la antena parabólica que hay instalada en la misma fachada. En una curva de la carretera cerrada a la derecha, se debe dejar y tomar otra a la izquierda, para llegar hasta Esquirotz o Esquíroz. Yo continúo por donde no se debe, es decir, carretera abajo, y tras pasar por un puente sobre el río Arga y caminar unos 200m de carretera recta, delimitada a la derecha por un prado de hierba grandioso, llego al pueblo que vi hace rato a vista de pájaro arriba, descubro que se llama Urdaniz/Esteribar

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    Urdaniz es un pueblo que está formado por unas treinta casas y una iglesia, más una pista de frontón. Subo por el pueblo hasta llegar a la iglesia, y la rodeo. Junto a la entrada hay unos arcos bajo los cuales está la puerta, y delante hay césped. Bonito rincón solitario para refugiarse de una posible lluvia. Para variar, la iglesia está cerrada, como todas las de los pueblos que voy recorriendo. Atravieso el pueblo en sentido contrario, vuelvo a la carretera, y tras pasar el río y subir por ella, tomo el desvío de la curva cerrada, que es por donde continúa el Camino

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    Se llega a Esquirotz, que son siete casas si no cuento mal, por una carretera estrecha. Es de doble sentido de circulación pese a que es imposible que dos coches quepan por lo estrecha que es, pero bueno, estadísticamente es prácticamente imposible que dos coches se encuentren en esta carretera olvidada y solitaria?

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    Pasado el pueblo ya camino por sendero, la carretera ha quedado atrás. Paso un riachuelo gracias a un puentecito y camino por un paisaje verde de campos. He cruzado la carretera de Setoain. Llego junto al Puente de los Bandidos, puerta de acceso al pueblo llamado Larrasoaña, en el cual está el segundo albergue del Camino. De aquí habrán partido esta mañana los veinte peregrinos que hay de diferencia entre los 30 que dormimos en Roncesvalles y los 10 que dormimos en Zubiri, es de suponer. Un cartel informa:

    Larrasoaña era considerado el centro comercial y económico del Valle de Esteribar. A principios del siglo XI había aquí un Monasterio de San Agustín, regido en esta época por el abad Azuar, a quien el Rey Sancho el de Reñalém le encomendó su hija, Urraca. En el siglo XVIII en esta villa habrán cofradías en dos ermitas, una en dirección norte dedicada a Santiago, y la otra al sur bajo la advocación de San Blas. De Larrasoaña a Pamplona el Camino y la carretera van por el fondo del valle, siguiendo la orilla derecha del río Arga. Pasaba el Camino viejo por Antxoriz y luego cruzaba a la orilla izquierda del río Arga; seguía por Irotz y volvía a cruzar el río por un puente medieval ” .

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    La Orden de San Agustín, era una orden muy activa en la atención a los peregrinos de Santiago. La población, era un referente en la ruta jacobea. Su configuración urbana, consiste en una calle principal, donde pasaba el Camino, y las casas a ambos lados, como sucede con muchos pueblos nacidos gracias al Camino de Santiago. El puente es llamado Puente de los Bandidos, porque aquí eran frecuentes los atracos a peregrinos, por ser un lugar de paso obligado en aquella época. Cruzo el puente, gótico del siglo XIV, mientras cuatro paletas lo están arreglando. Éste tiene dos balconcitos.

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    Al otro lado del puente, hay una iglesia consagrada a San Nicolás de Bari. Es un santo muy presente en el Camino, ya que es uno de los principales protectores de los peregrinos. La iglesia tiene dos campanas en la torre, y rejas en la parte inferior. A la izquierda se toma la calle principal, que me lleva hasta el Concejo de Larrasoaña, donde está ubicado el albergue…

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    Llego con la intención de sellar mi credencial, ya que en Zubiri no lo he hecho y no quiero llegar a Pamplona a los dos días de haber partido y sin ningún sello del recorrido para evitarme posibles problemas. El Concejo está situado en una plaza, y en un banco de ésta me encuentro a Pedro. Entro a la edificación, y sorpresa!!! Hay un sellador en la entrada !!! Lo cojo y me pongo el sello en la credencial. Subo las escaleras, con la intención de ver como es el albergue, situado en la primera planta, pero está ya cerrado. En la primera planta hay dos puertas, una es el albergue y la otra el Ayuntamiento

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    Una mujer llega a la plaza en coche y nos dice ” buen Camino “. Los peregrinos somos inconfundibles con nuestras grandes mochilas. Me voy del lugar por donde he venido hasta salir del pueblo. Pedro se queda allí trasteando cosas en la mochila, para variar. De camino veo una casa con detalles artísticos de madera a mano derecha en la calle principal, por ejemplo en su balcón. No he visto no la ermita de San Blas ( al sur del pueblo ), ni la de Santiago ( al norte del pueblo ), que son lo que quedan de recuerdo de las dos cofradías dedicadas a la atención del peregrino que habían en el pueblo con su correspondiente hospital cada una?

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    Son las 11:40, los peregrinos que han dormido aquí deben llevarme unas tres horas de ventaja, aunque Larrasoaña sólo está situada a unos cinco kilómetros de Zubiri. Camino comiendo una bolsa de cacahuetes con miel cuando se me presenta delante un lugar ideal para pararse, y ponerse a pintar un cuadro, eso sí, el que sepa dibujar, yo no… La estampa está formada por unos árboles de hojas amarillas, altos y delgados, junto a baja vegetación, que forman una primera barrera, tras la cual hay césped y un conjunto de construcciones antiguas, seguramente una masía. El cielo está azul claro y completamente despejado, y todo presenta gran iluminación gracias al Sol…

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    Atravieso un conjunto de construcciones, formado por la masía del imaginario cuadro, un hotel y poco más. El pueblo se llama Aquerreta. Salgo por un portillo, hay enormes pastos con ovejas de cabeza y patas blancas, y vacas. El Camino queda barrado por un conjunto de caballos. ¿ Tendré que abrirme paso entre ellos ? . Me dirijo con cierta duda hacia el obstáculo, hay unos seis caballos que no me dejan avanzar por la pista, junto a una valla y portillo por el que he de pasar. A ambos lados el camino está vallado y hay pastos con muchos caballos. Me acerco, y los caballos echan a correr a ambos lados hacia los pastos por un trozo sin valla, y me queda el camino libre, al final ha acabado el asunto en que los caballos son asustadizos y no he tenido que pasar entre ellos

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    Tras caminar entre campos, y cruzar una carretera, camino por un bosque de pinos silvestres. Se escuchan coches, ya que la carretera va apartada pero paralela y cercana al Camino, por el fondo del valle en dirección a Pamplona. Hay un tramo con escalones de madera, de los que se utilizan en las vías férreas. El Camino transcurre ahora por la orilla izquierda del río Arga, que está a unos cinco metros del Camino, pero escondido tras los árboles…

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    Bajo hasta la orilla en una especie de desvío, y el paisaje en fantástico, nada que envidiar a la selva amazónica. Observo un río ancho, de unos ocho metros, junto a un tramo de pequeñas cascadas que emiten sonido, y no ruido. Hay árboles a ambos lados, de manera que el río está tapado por sus copas, creando un ambiente húmedo, de poca luz y de mucha vegetación, parecido a una selva. El suelo está cubierto de hojas marrones y amarillas mojadas. Un tronco caído va de lado a lado del río, y me provoca, como también el atravesar el río de orilla a orilla como ya hice con uno pequeñito y menos profundo en Burguete

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    Busco las chanclas en la mochila, para meter los pies y ver si me atrevo con lo de atravesar el río, y no las encuentro, me doy cuenta de que me las he olvidado en Zubiri. Estoy demasiado lejos para retroceder, si retrocediera debería dormir en Zubiri o como mucho volver a comenzar y dormir en Larrasoaña. Me dirijo por la orilla hacia el tronco caído que atraviesa el río, y me subo en él. Camino sobre el tronco despacito agarrado de una rama, hasta que debo tomar la decisión de seguir adelante sin agarre o no. Mientras estoy meditando el asunto, me cae una hoja en la cabeza, puede ser una señal divina, diciéndome que no lo haga. Desisto y me vuelvo a la orilla. Veo a Pedro pasar por el Camino desde la orilla y le saludo desde mi escondite. Ya vuelvo a ser el último peregrino del día. Más adelante, atravieso el río hasta el otro lado, en una zona de amplias rocas y con una cascada artificial, hace unos 20m de ancho…

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    La senda que va por el margen izquierdo del río por un bosque, va a parar a un puente que cruza el río. Al otro lado del puente está el pueblo llamado Zuriain. Una máquina de refrescos ubicada bajo un tejado de tejas rojas construido para protegerla de la lluvia me da la bienvenida. En el pueblo está la iglesia de San Millán, medieval y reformada en los siglos XVI y XVII, pero no la veo. Es un pueblo que va a lo largo de la carretera general. El Camino llega a ella, y en ella se va hacia la izquierda. No me hace ninguna gracias caminar por el arcén pasando los coches a más de 100 kilómetros por hora junto a mí, pero no hay alternativa?

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    Un ciclista circula por el arcén en el que estoy caminando, hacia mí, y antes de llegar a mi altura, se aparta hacia el carril de los coches y me saluda al pasar. Al otro lado de la carretera, es decir, a la derecha, hay unas trescientas ovejas y un pastor, en una zona de césped. Comienzo a contarlas, pero es imposible, y hago un cálculo aproximado sabiendo las que llevo contadas y el espacio que ocupan respecto del espacio total que ocupa el rebaño. Estaría bien preguntarle al pastor cuantas lleva, pero igual ni él lo sabe, además de que me tomaría por loco?

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    Cuando a mano izquierda aparece una carretera hacia Ilurdotz , por fin dejo de caminar por el arcén de la carretera general, y camino por otra más pequeña hacia Ilurdotz. La carretera cruza un río a través de un puente llamado Anchoriz. Abajo en el río hay un pescador metido en el río pescando, lo veo al mismo tiempo que el cartel ” coto de pesca intensivo, prohibido meterse en el cauce“. Pasado el puente giro a la derecha, un mojón con concha sitúa a Iroz/Irotz a 1km de distancia…

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    Voy por una pista , que pasa cerca de las ruinas de una cantera, y después por un sendero a media ladera, hasta que llego a Iroz. A su entrada, hay una fuente. En el sendero he adelantado a Pedro, que no va a gusto por sus ampollas. Cruzo por la carretera el río Arga a través del puente románico de Iturgáiz, de tres ojos, y aparezco en la carretera general. Cojo un sendero a la izquierda, que va paralelo a la carretera general, por su parte izquierda. Es mucho más seguro que caminar por el arcén.

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    Un mojón de piedra con concha dice que Cizur está a 14kilómetros. A la izquierda y abajo, se ve una zona de picnic con seis mesas con dos bancos cada una, y cuatro barbacoas. En ese punto estoy parado en el sendero mirando el mapa y me doy cuenta de que en el suelo, delante mío , hay una serpiente de unos 60 centímetros de longitud parada. Me asusto, y ella también, se va al margen izquierdo del sendero y paso rápido por si acaso, ya que no me gustan y es la primera que me encuentro una tan bien visible. Comienzo a atravesar un pueblo, llamado Zabaldica ( Esteribar ), que está al borde de la carretera general…

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    En el pueblo, hay una iglesia románica del siglo XII consagrada a San Esteban protomártir. Al otro lado, sobre una colina, se ve una iglesia antigua. Abandono el Camino, cruzo la carretera, y por una cuesta cementada ancha de gran pendiente llego a arriba, se trata de un pueblo. Los perros ladran, están sueltos y se me acercan. No hay nadie y las puertas de las casas están abiertas. Debo irme si no quiero ser mordido y dejar el tema de la iglesia…

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    Sobre una puerta está el cráneo de un animal muerto, que pueblo más extraño y fantasmal. Bajo de la colina, para retomar el Camino, y me vuelvo a encontrar a Pedro, que busca agua y no encuentra. Desde aquí abajo no se ve el pueblo, solo la iglesia. Al decirle que vengo de allí arriba me dice que cuanto me he entrenado, que él está que no se aguanta y yo siempre para arriba y para abajo. Me gusta investigar y descubrir rincones y lugares por los que no pasa el Camino y que seguramente jamás vería

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    Dejo a Pedro atrás con su búsqueda del valioso líquido para un excursionista. Ya hace muchos años que mi primo me dijo en el transcurso de una larga excursión por la baja montaña de la comarca de La Selva, que el agua es oro en una excursión, y ahora siendo ya un excursionista enamorado de la montaña y no un chaval de 14 años extasiado con su primo que le lleva un día entero de excursión alrededor de su torre en Vidreres, puedo corroborar que tenía toda la razón…

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    El sendero en el cual he visto la serpiente va a parar al arcén izquierdo de la carretera general, y avanzo por ésta, hasta que en unos cien metros la cruzo para llegar a una zona de descanso ajardinada, con lavabos , dos barbacoas y mesas y bancos de picnic de piedra. En la zona que acabo de pasar, donde la serpiente, eran de madera.. Se debe de coger un sendero a mano derecha antes de llegar al lavabo, pero yo voy al lavabo, y me siento a la sombra que hace para esperar a que aparezca por el horizonte Pedro, y decirle que aquí hay un lavabo donde proveerse de agua. Aparece a los diez o quince minutos…

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    Le digo que esa construcción son dos lavabos con pica para poder coger agua, y va a proveerse del oro incoloro, inodoro e insípido, al menos en teoría, ya que el agua potable de muchas zonas deja mucho que desear. El oro negro y el oro metálico quedan muy lejos de la vida de peregrino, y los coches son aparatos extraños que parecen que nunca los hayamos utilizado…

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    Retomo la marcha, y paso junto a una ermita y varias masías. En la fachada de una de ellas pone ” Partido judicial de Aoiz, lugar Arleta“. Se trata del caserío de Arleta, y consta sólo de dos edificios: el antiguo Palacio del Señorío , el cual tiene una ventana geminada en su torre, y la Iglesia de Santa Marina, la cual tiene una talla gótica de ésta. Más adelante paso junto a los restos del despoblado de Santiagozar.

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    El Camino pasa a tener contaminación acústica, hay mucho ruido. Cruzo un túnel que salva la Ronda Este ( carretera de circunvalación de Pamplona ), y camino por una pista ancha paralela a dicha carretera, bordeando la montaña llamada Miravalles, y saliendo del valle de Esteribar. Al otro lado del monte, y situado en el valle de Ezcabarte, llego al puente medieval sobre el río Ulzama, de seis arcos. Al otro lado del puente se encuentra la Iglesia de la Trinidad, del siglo XII, junto al albergue de peregrinos llamado Trinidad de Arre, en el término municipal de Villava. La iglesia también es llamada ermita de la Trinidad de Arre. El albergue está en una magnífica ubicación, junto al río y el puente medieval. Me gustaría haber dormido en él. Es el tercer albergue del Camino, y está en una parte del Camino que hace que dormir en él no sea lo habitual, no es final de etapa.

    ZODIACO, DAVID MIRA, AÑOS DESPUÉS… TERMINÓ POR ESCRIBIR UNA NOVELA CUYO TÍTULO ES LA RUTA DE LAS ESTRELLAS.

    https://laanandadeariadna.wordpress.com/2012/03/23/la-ruta-de-las-estrellas-david-mira-herranz/

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    Arancha va contándome que deja el Camino en Burgos. Tiene que asistir a una comunión y entonces lo siento por ella y por sus amigos… y ahora todos admiramos las balconadas. Volvemos a cruzar el <<Puente de los bandidos>>, dejamos Larrasoaña atrás, y subimos por una pista hasta Aquerreta. Arancha me parece una mujer maravillosa pero ella es capaz de andar y hablar animadamente, está más dotada que yo. Entre la capa, el pañuelo que llevo en la frente y por encima de los oídos, la lluvia que a ratos es bastante más que un calabobos, la mitad de sus palabras se me pierden entre la fronda, y con ellas no sé ni qué respuesta darle.

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    <<Tras la carretera comarcal, se atraviesa un pinar y un hayedo, en la base del monte Maliturri, para dirigirse en bajada hacia el río Arga>>.

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    La sorpresa del río es la belleza. Mi alma es lo que surge ante su caudal. Mi alma que desea detenerse. Fluir como el río, como las aguas, con el mismo sonido. Estoy escuchando la pierna, voy con ella y no deja de hablarme, todo me habla, ellos me hablan, los árboles me hablan, el río me habla, me pide que me detenga, me pide que me detenga y yo no puedo porque voy con ellos, y todos vamos rápido y llueve y llevamos capas. Trato de olvidar que borré tu correo. Trato de olvidar que ahora sólo son posibles las palabras comunicadas así, de oreja a oreja, de oído a oído, de sentimiento a intelecto… Trato de olvidar que mi madre biológica se llama como esa mujer. Y que el nombre se repite y se repite y me hace tensar la cabeza hacia el lado de los sentimientos y la contractura se agrava.

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    Esa contractura es uno de los motivos de mi camino. Después de casi veinte años, ¿el Camino puede hacer que me desprenda de ella?

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    Nos cruzamos con caballos. Son preciosos. Otra vez portillos que hay que abrir y cerrar detrás de uno, del grupo. El paraje por el que atravesamos es tan bello que ahí mismo me prometo volver a recorrerlo en otras condiciones. No importa tanto la lluvia como la soledad. La balanza se está inclinando y no lo hace del lado de la relación. Todo me parece una respuesta. Hay una fronda, hay un discurrir paralelos al curso de las aguas. Hay una necesidad de purificación, de no tener que escuchar de continuo el nombre que se repite. No sé ellos pero yo estoy aquí con un pasado que dejar atrás. Es una decisión. La decisión a la que poco a poco me fue llevando el Camino mismo.

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    Es curioso que no nos fijemos en como nos atormentan los dolores de nuestro cuerpo en un momento dado. El cuerpo es más sabio, el cuerpo reconoce la necesidad del alma de sentirse liberada para perdurar… Y eso comienza a ser el parlamento del dolor, un darme cuenta de que la conversación que sostengo, hablando de la familia de otros, que nunca es como la mía, no beneficia a mi alma, que el alma busca o anhela el éxtasis y que el éxtasis sucede en la Contemplación.

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    <<Por el bosque de ribera se llega a Zuriáin, donde se cruza la corriente, y se sale con la N-135. A 500 m aparece el desvío de Iluzdoz. Siguiéndolo se pasa a la margen izquierda del curso fluvial, y tras dejar atrás unas casas (se ve al fondo una antigua cantera), al pasar por un pinar, vemos discurrir el Arga junto a tierras de labranza >>.

    – José María Anguita Jaén –

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    Encuentro con ”Los Compañeros’, en un recodo ascendente del Camino. Van sin desayunar, sus caras muestran esa desazón. Yo alegría al verlos, aunque todas mis alegrías son transitorias en este punto.

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    Alcanzamos Iroz. Los Compañeros no pueden reponer sus energías ahí. Tampoco comprendo por qué no aceptan las barritas energéticas que se les ofrecen. Ya hay ganas en todos de hacer otra parada, para hacerse entrar algo caliente en el estómago, también de orinar. Los pies comienzan a doler, con un dolor abrupto en las plantas. Pienso si me habrán salido ampollas pero sólo es el dolor de pisar y pisar. La rodilla aguanta… pero aguanta porque le voy prometiendo reposo. Por la rodilla podría seguir adelante, por los pies, por como empiezan a quejarse, no. El barro se hace con el protagonismo, otra vez, el de la mañana y los andaderos. Voy fijándome que muta su aspecto y también que en depende qué matices se resbala más o menos.

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    Me preguntan por qué voy tan encantada con el paisaje si es del mismo verde de mi tierra, y tiene que ser hasta semejante. No lo sé. Porque yo soy así, de encantarme. Es el viaje y la naturaleza del viaje.

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    Hemos dejado una fuente atrás. Arancha me explica la receta de una tortilla muy sabrosa. Se la ha dado Txomi. Se necesitan cinco o seis brotes de dientes de león. Tienen que estar cerrados, aún sin florecer. Txomi arranca uno y yo retengo esa imagen del cómo. Querré probarla. Txomi, como el Compañero, es conocedor de la flora. Abro mucho los ojos cuando me cuenta que Lizarra (Estella) significa fresno. Hay un sueño con Estella, en el Camino. Espero poder descifrarlo. Lo tuve en el Noviembre pasado, como camuflado por otras cosas pero me intrigó. Hacía entonces las prácticas de la ensoñación. Un fresno era Yggdrasil, un fresno perenne, el árbol de la vida o del Universo en la mitología nórdica.

  6. En Zuriáin, una pequeña iglesia medieval pero situada en la parte alta del pueblo. Salimos a la carretera y a unos 500 metros el desvío a Ilurdoz. En Iroz la iglesia parroquial de San pedro, de época moderna. En el parque fluvial, que han construido a lo largo de la margen del río, algunos pescadores preparaban sus cañas.

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    Pero ahora, en Zabaldica una románica consagrada a San Esteban. Es igual, el arte ni me mueve ni me conmueve cuando tengo el estómago vacío. Un compañero busca un remedio para el estómago de todos. Ha subido una calle y la ha bajado al poco rato con cara de mortificación. Yo al menos he comido algo pero ellos…

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    Comenzamos a ascender por la ladera del monte Narval. Siento miedo, el barro se convierte en un enemigo. Agradezco tener un bordón en el que apoyarme. Vegetación, boj y pinos, Arancha detecta unas flores preciosas, son orquídeas, muy pequeñas y delicadas, el Compañero lo confirma. Arleta, un caserío, la ermita de Santa Marina, hemos descendido. Arces y robles, y si las driadas nos bailan el hambre no me permite más que pensar en ellas. Ando desesperada, siento ganas de abandonar, ¿siempre será tan duro? Podemos quitarnos las capas. La llovizna remite. ¡Cuánto te hace sudar el plástico de una capa! Atravesamos un túnel. Hemos divisado una población cercana pero parece ser que el Camino la deja a desmano. Pamplona se vislumbra al fondo.

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    Y cuando menos te lo esperas… estás cruzando el río Ulzama sobre su puente románico de seis ojos y te das de bruces con la basílica de Trinidad de Arre. Ahí mismo me enamoro. De esos clamorosos saltos del agua, del entorno. La tarde promete ser, para mí, maravillosa. El albergue aún no está abierto. En sólo quince kilómetros el Mundo ha acabado conmigo. Me siento así.

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    Caminamos por Villava, por la calle Mayor. Villava es la cuna del monstruo Miguel Indurain. Monstruo, como bonito, es una expresión ambivalente. Con Indurain disfruté de tardes emocionantes en el pasado. Eso era cuando veía más la televisión. Luego dejé de verla. Hasta quedar el asunto restringido a algunos documentales, a la hora de las comidas o de las cenas. Indurain es pentacampeón del Tour de Francia, durante cinco años consecutivos se hace con el maillot amarillo. Pocos han sido los elegidos para esa gloria. Hasta Indurain tres habían sido los que lo habían conseguido: Anquetil, Mercks e Hinoult. Después Lance Armstrong los superará con siete. De todas formas Indurain me resultaba querido, así que me alegro de estar pisando su pueblo. Indurain también logró la maglia rosa en dos ocasiones.

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    Mari Carmen, Arancha y Txomi se deciden por un pintxo. Son poco más de las doce del mediodía y eligen entrar en un bar, de nombre Paradiso. Nos decimos que les daré alcance, que hago bien siendo prudente, y de hecho pienso que sí que les daré alcance. Cuando el cuerpo se acostumbre, creo que, ya no seré la misma que ellos han conocido, y que seré la de siempre… Me pesan algo los ojos de Txomi. Expresan tristeza o algo semejante. Me pesan y me tranquilizan. Txomi es un ser humano maravilloso. No deja de dar muestras. Sus amigas ídem y siento que ha sido hermoso conocerlos y disfrutar hasta allí de su compañía. De todas formas yo muy sentimental no soy. Y menos que pretendo serlo…

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    Con <<Los Compañeros>> en la calle, detengo a un ertzaina… Ellos me toman una fotografía mientras le pregunto al policía por un lugar en el que poder disfrutar de un menú peregrino (sobre todo a esas horas). Saben que esa sí me va a gustar. Y lo del menú es posible en el hogar del jubilado: 7 euros con 85 céntimos. Una ganga, después de Zubiri.

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    Ya dentro del local voy al baño. El local es grande, hay una plaza a mano izquierda de la calle Mayor, según te orientas en dirección a Pamplona, y está al fondo.

  8. Un Compañero más encantador que otro, el otro más interesante que éste… El hogar del jubilado limpio y correcto. Ensaladilla, lomo, postre y vino. El Compañero más encantador tiene sus dudas acerca del Camino. Hablamos de eso durante los platos y yo postulo algo que no sé si yo misma me creo, aunque pienso que sí. Lo que ocurre es lo siguiente… El Compañero más encantador dibuja <<un esquema>> en mi cuaderno, el Compañero más interesante siente por el enclave en el que nos encontramos la misma atractiva nostalgia que siento yo… Pero el esquema dibujado delante de mí me resulta pueril. Se trata de que el Compañero más encantador se adelante hasta Cizur Menor y el más interesante se quede conmigo, o dónde yo me quedo. Hablamos entonces de la conveniencia que yo le encuentro al viajar solo; esos esquemas pueriles nunca pueden realizarse, entonces, delante de otro, las decisiones son de uno, le pertenecen sólo a uno y sólo ese uno decide dónde se queda o hasta dónde sigue y qué explicaciones da. Lo siento por los ojos del Compañero más interesante, por lo que expresan; sé que le duelen los pies, que le duelen tanto como a mí misma, o quizá fuera la rodilla, las articulaciones en general o lo que fuese… pero el esquema… Son cosas suyas, esas, que yo hubiera dado algo por no tener que presenciar. Me hacen sentirme a la defensiva pero una defiende su soledad hasta donde haya que defenderla. Porque el estado de soledad tiene mucho que ver con el estado de libertad, y la libertad puede que sea a lo que más valor le doy. Aunque yo no decido por nadie, cada uno decide por si mismo y es libre de quedarse o separarse dónde quiera y cómo quiera… Lo que sí aseguro es que pienso pasarme la tarde escribiendo, a ti, hablando contigo. Compartiendo contigo todos mis momentos. El carácter, cuando surge, parece ser que aleja la dulzura de las mesas. No es que una no esté dispuesta a ser amable; a lo que no está dispuesta una es a serlo bajo cualquier circunstancia. ¿Recuerdos que conservo? <<María, eres una niña pero pareces tan vieja como nosotros>>. o <<Nos faltan horas contigo>>. O lo que se escribe en mi cuaderno al lado del esquema: <<A María una chica que deja huella. Una chica mágica>>. Me gusta esa letra pero, ¿y María? ¿cuándo podrá desconectarse María de su conciencia? Porque eso es lo que a María no deja de ocurrirle, que a diario siente que alguien se conecta a su conciencia… ¿Y qué lugar deja para el alma pura eso?

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    Ya en la calle. El Compañero dolorido sigue hacia adelante. El Compañero más encantador y yo nos dirigimos hacia el Bar Paradiso, los de Zumalacarregui, por supuesto, ya no se encuentran en él. ¿Y allí qué sucede? Un eclipse. Lo que se habla en una mesa de la parte trasera del local pero elarcano sin nombre sale del saquito color sangre y se va con él. Como todo lo que se dijo forma parte del secreto terapéutico la interpretación de la carta también queda velada.

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    Aunque de algo debemos hablar… Un hombre pide un orujo, la mujer que va con él pide un café y pide que le añadan unas gotas de orujo… Llega el servicio a la mesa. A la mujer le ponen delante justo lo que ha pedido, al hombre sólo un café y sin gotas de orujo siquiera. El hombre acepta eso, no protesta. La mujer opina distinto. ¿Por qué tiene uno que aceptar lo que otro le da si no es lo que ha pedido ni lo que deseaba? ¿Por qué hay que callarse ante eso? Y por esa postura te puedes imaginar muchas partes de esa vida, que tienen que haber sido así y esto sólo es algo trivial pero un ejemplo.
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    Él se fue antes que yo. Él tenía que dar alcance a un compañero. Yo sólo tenía que darme alcance a mi misma.

  9. Y en esa misma calle lo hago. Te escribo unas palabras: <<Estoy adorando mi experiencia peregrina. Besos desde Trinidad de Arre. ¡Qué maravilla de lugar!>>

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    Es difícil de transferirle a otro la sensación de plena libertad pero ahí es, ya, lo único que estoy experimentando. No existe el miedo que me ha acosado durante estos últimos meses, y sobre todo durante el último, por las calles de mi ciudad. Al que fue mi padre se lo debo. Me alegro de todo lo que sucede y de cómo sucede. Respiro a pleno pulmón y me siento feliz. Sólo soy una peregrina más de la sirga. Una peregrina entre el flujo continuo de peregrinos, el trasiego de peregrinos, que ven pasar un día y otro todas estas localidades, aldeas, parajes y pueblos…

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    Pero una peregrina que de repente ve a un hombre, otro peregrino, muy desmoralizado, sentado en un banco, frente a los saltos de agua del río Ulzama. Vincenzo es siciliano. Se ha perdido y se ha perdido de su amigo y se le ve muy cansado. Me lo llevo conmigo. Y él encantado. Parece un amor.
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    El albergue ya está abierto. Unas ocho mochilas esperan. Dentro de la sala los peregrinos, también Alesandro, el amigo de Vincenzo. Ninguna cama ha sido repartida, a nadie le han puesto el sello. Y es cuando llega Moisés. Siete euros y otra estampa para la credencial. Como conmigo Moisés se entiende, a mí me da las explicaciones. Él va a irse por la iglesia, va a abrirnos el portón que da acceso al patio del albergue y allí nos espera. Y Moisés me parece otro amor.

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    La entrada por el patio es deslumbrante. Un huerto fantástico nos recibe, un vergel de paz -piensas. Aumenta la alegría. Hay árboles, hay flores, hay verde, hay sillas donde sentarse, y Moisés dice que el ambiente siempre es sano, que a veces los peregrinos se aposientan allí con sus botellas de vino o cerveza, y celebran su fiesta particular… que a nadie molestan. El extranjero bebe, es verdad que lo voy viendo.

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    Hay donde tender la ropa y que quede a cubierto; aunque el sol luce en ese momento. Moisés asegura que el clima va a experimentar una notable mejoría, en los próximos días. Y existe la posibilidad de declararse roncador y que te dejen estar con los otros roncadores. Aunque Moisés nos divide a las mujeres hacia el fondo y a los hombres los coloca antes.

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    Hay que quitarse las botas y dejarlas a la entrada, en una estantería, para no ponerlo todo perdido de barro. Hay los baños y las duchas que no son mixtos. Y hay un salón estupendo con máquina de café, no me fijo si refrescos, creo que sí aperitivos, y libros y libro de peregrinos. Y sobre todo cariño, que siento que le pone este hombre a la hospitalidad. Hospitalario sin duda.
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    Hay una ducha reparadora. Llega Françoise. Compartimos baño y luego un cigarrillo juntas. Me gusta cómo grita mi nombre. Ella es de constitución delicada, pequeña, fina de rasgos, rubia con el pelo corto, no demasiado corto, gracioso. Alegre pero cualquiera entra en honduras de motivaciones peregrinales con el cómo nos apañamos para comunicarnos entre las dos.

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    Salgo al patio. Encuentro con Alesandro y Vincenzo. Les enseño a ”mi novio”, una foto tuya en la que el que deslumbras eres tú e insisto en tu edad. Increíble, ¿cierto?, sí. Pero si tú no aparentas de ningún modo la edad que tienes… los que me dejan boquiabierta son ellos a mí. Aseguran estar cerca de los 70 años, cuando una creía que rondaban los 55. Menudas genéticas que produce la vida. Y nos hacemos fotos. Vincenzo que insiste y yo, que a pesar de que no me gusta, acepto por no hacerles el feo.

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    Se animan a escribirme algo en el cuaderno… Si todo va bien y yo me defiendo lo bastante en el Camino… pienso quedarme pronto en silencio.

  10. Caminé por las calles de la Villava de Indurain hasta llegar a este local: <<El Indio>>, que tiene el sabor que a mí me gusta. Predominio de verde manzana en la decoración y plumas. Pero el camarero me ha llamado <<nena>> y he tenido que levantarme a buscar el te a la barra. No importa. Me he calzado las zapatillas y lo hice. Todo el tiempo trato de ser amable y me gusta, porque hacia tiempo que no tomaba azúcar moreno y aquí te ponen. Por cierto, Vincenzo es un entusiasta. Y los entusiastas, a pesar de serlo, me agotan. Aunque puede decirse que Vincenzo y yo nos hemos hecho amigos.

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    Llevo la melena suelta. Aquí en el Camino no tengo que mantener ninguna apariencia. Sí, y estoy empezando a disfrutar de la experiencia como no imaginé. Porque procuré no suponerme nada. Lo que si me constaba era que sería duro a nivel físico y lo es y mucho. No tengo aún ampollas en los pies pero ando con los pies muy doloridos. De hecho me ha costado un triunfo arrastrarme hasta aquí. Y es que llevo unos once kilos constantemente encima.

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    Ni te imaginas que belleza y sensaciones. Kilómetros vadea el río Arga que en verano deben de hacer de la senda un prodigio. Se atraviesan los terrenos de una fábrica antes o después de Larrasoaña. Hay un esquema y una dedicatoria. Te hablo de este cuaderno. Y el teléfono del albergue de Maribel Roncal. Ahora la llamo… Dijo que sin problemas, que no hace falta que haga ninguna reserva.

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    Vuelvo a estar sola. Esa gente maravillosa de Zumalacarregui me había adoptado como una más del grupo. Pero aunque los grupos arropan, terminan por dejar poco espacio para que sucedan cosas. Tenía previsto esto, mi forma invariable de ser, ya sabes… Y ya que no me puedo adelantar caminando más que los demás… lo mejor es ir retrasándose y dejar que los demás sigan su programación. Aquí la gente es muy cumplidora con los kilometrajes y mi intención es disfrutar y conocer todo lo que pueda. Recuerda lo que dice la mujer que alarga la mano, la mano cálida buena y hermosa, que rompe la turbia campana de cristal del lobo estepario y que Haller conoce aquella noche en el bar: <<Para ser devota se necesita tiempo, mejor dicho, se necesita algo más: independencia del tiempo>>. En el Camino soy devota.
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    Río Ulzama. La cena. Un bocadillo de tortilla con una lata de cerveza. Ni acabo lo uno ni lo otro. Me apetece más relajar la vista que masticar. Baño de iones negativos. Perfume de agua en la brisa. Un padre, dos padres, tres padres. Todos con una hija. Por la otra orilla gente con bastones recorre la senda. La tarde es muy agradable, de temperatura y serenidad.

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    Jorge de Roncesvalles se pone en contacto conmigo. En la segunda noche también elige una pensión. Se quedó en Pamplona.

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    Recuerdo a Francisco, el peregrino malagueño que conocí en Asturias. Él recorría el Camino del Norte. Yo aquel día entrenaba. Acabamos compartiendo muchas cosas nuestras en un albergue solitario. Logré salir de aquel pueblo tarde, ya la medianoche encima. Hay lugares a los que no puedes acercarte en domingo si no es para amanecer en lunes allí.

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    Francisco responde: se alegra y está en Mansilla de las Mulas; es decir, de nuevo, en el Camino.

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    *Galería fotográfica del batán

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    19h30min. En el batán de Villava. Con ésta mujer tan agradable, tan cerca del templo trinitario de Arre y del salto del agua. Uno de los padres con niña regresó con su esposa y la madre de ésta. La madre está de visita. Viene de Álava. Se han acercado a conocer la construcción. Primero el batán fue molino harinero, después batán (de oficio de tejedores y fábrica de papel), ahora reformado centro de sensibilización del parque fluvial. La rueda es impresionante. Me dicen que todavía está en funcionamiento. Vienen de visita pero se encuentran, como yo, el edificio fuera de horario.

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    <<A todo aquel que me confesare delante de los hombres yo también confesaré delante de mi padre que está en los cielos>>

    (Math – 7- 32)

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    20h00. En el convento regido por los maristas, son seglares, no han sido ordenados sacerdotes, no ofician mismas. Amable charla con Moisés, el hospitalario. Me ha enternecido mucho. Se ha pasado la vida enseñando. Hablamos de la juventud y de la problemática de hoy en día. Pero ha sido un hombre feliz. Humanidad a raudales es lo que se puede beber en sus ojos. El reuma le acucia y el vivir en las dependencias del convento no lo mejora. Es mucha la humedad para sus huesos, pero sigue siendo un hombre feliz. Se siente reconciliado consigo mismo, con su misión, triple misión. Atender a los peregrinos le resulta gratificante. A mí me ha atendido estupendamente. He visitado con él la iglesia (s. XII), la he respirado, Paz, olor sagrado, he recibido todo tipo de explicaciones a mis preguntas. Y Moisés lo ha hecho posible. Aunque hay conceptos que todavía, ahora, se me escapan… Padre, Hijo y Espíritu Santo, por eso es un templo trinitario…

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    Luego hemos andado por el patio y hasta alguna historia del algún árbol, entre seco y lozano, me ha contado. Le he dejado o él me ha dejado a mí y me he venido al interior…
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    He escrito una anotación para Laura en el libro de peregrinos Nº13 de este albergue. Trece como el arcano XIII que se alejó con el Compañero… Cuando he mirado el símbolo no he visto, en realidad, otra cosa que la muerte templaria, la rosa que renace…Todo se supedita a las imágenes… Y aquí, en la página final de este libro, coincide así, he dejado escrito para Laura el primer día que conocí a su padre y el cómo fue… Pero Moisés ha llegado con otro marista, quería presentarle a la asturiana; éste también encantador. Hemos estado hablando los tres. Me han contado algunas anécdotas, alegrías de gentes que recuerdan, que los recuerdan… Se nos ha unido primero Cristina, una interesante joven alemana de 25 años, que habla un perfecto español, porque ha estado estudiando en Sevilla. El Camino será su tesis de fin de carrera. Turismo, la reactivación de algunos puntos del Camino, como Foncebadón, que fueron pueblos muertos, y hoy ha resucitado y hasta cuenta con más de un albergue. Mañana dice que tiene citas en Pamplona con alguna autoridad, que hasta allí andará. Además sus pies… qué alivio no padecer sus ampollas. Y luego Vincenzo, que es el hombre que he conocido que más veces ha estado casado. Dedicó al mar toda su vida y existe una hija mayor, de un primer matrimonio, de la única mujer que estuvo enamorado, y existe un niño de ocho años, de su último compromiso. Cristina y yo seguimos hablando aquí, todavía durante un rato. Hasta que Françoise ha llegado y pronto se apagará la luz.
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    Es difícil estarse sola en el Camino. De momento sí, así que no logro sacar tiempo suficiente para esto de escribirte. Y la verdad es que lo que importa, ahora, es la relación. Es el momento de entablarlas. Buenas noches, amor.

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    <<Este jueves depende de tu boca.
    Debes cuidarlo igual que un parque a un niño>>

    – Manuel Alcántara –

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    8h15min. Cafetería-bar Etxabe, en Burlada, de camino a Pamplona. Estoy con Franz de nacionalidad alemana y con Federic, un francés.

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    Dormí estupendamente. En la habitación sólo estábamos Cristina y Françoise. Por fin se ha despertado el día sin calabobos. Y la experiencia de Trinidad de Arre qué fantástica.

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    Eché a andar hace un rato, más tarde que los días precedentes. Pero porque no madrugué, porque nadie hizo ruido y dormía. De todas formas el primer café de la mañana me sentó estupendo. Allí encaramada, en las escaleras del patio del albergue, admirando el silencio de la hierba y los árboles, entre los dulces trinos de los pájaros y la tranquilizadora humedad del rocío. Me pareció un sueño y revivió en mí la infancia.
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    Anduve por la Calle Mayor de Villava hasta que la Calle Mayor se convirtió en la de Burlada. Unos niños, que van hacia el colegio, un grupo bastante numeroso, con sus mochilas, camina delante de mí. Van dando patadas a la lata de un refresco. El ruido que hacen me retumba en los oídos, un incordio, y me siento hasta temerosa, porque sigo envuelta por el candor de la infancia. Como hubiera sucedido cuando era niña, lo mismo, una sensación semejante. Hasta que la lata viene a dar con mi pie. La empujo y cruzo la calle por un paso de cebra. Quiero ponerme fuera del alcance de los niños, y enlazo ahí con Federic.
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    Federic, si hizo noche en el albergue se me pasó desapercibido. Se ha girado al advertir el golpeo de mi palo sobre el suelo y me ha esperado. No hemos intercambiado ni una sola palabra. Sólo una mirada comprensiva y hemos seguido caminando juntos. Todavía agradezco estos contactos, porque no llego a confiar del todo en que mis ojos no perderán la dirección de las flechas. Alma solía recordarme: <<El que no sabe es como el que no ve>>.

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    Pronto dimos alcance a Franz. A Franz le recuerdo porque le sonreí antes de acostarme. Él estaba ya sobre su litera. Me pareció muy callado pero muy agradable. Quizá fuera por el contraste con Vincenzo. Vincenzo me pidió que no me fuera sola y que los esperara, a él y a Alesandro. Desoí sus palabras y me precipité a irme.

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    Hemos entrado aquí como de mutuo acuerdo, y mientras ellos se terminan el desayuno yo escribo estas líneas. Franz se comunica en alemán y habla algo de inglés, Federic se expresa en inglés, con acento francés y también se comprende con el español; yo que chapurreo poco esa lengua procuro sonreír mucho y explicarme menos. Lo que sí hice fue preguntarles a ellos qué deseaban tomar, y encargar los desayunos para todos en la barra.

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    Me gusta esta cordialidad que se respira en el ambiente peregrino, entre peregrinos. Con tan poco parecemos tan contentos todos.
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    Los pies duelen. Duelen pero no como dolían ayer, que hasta con saña dolían. De un día para otro las plantas reposan y mejoran. Aunque quizá ayudase el masaje relajante que me di en ellos mientras conversaba con Cristina de su tesis, antes de cerrarme en el saco. Es un alivio saber, que como dicen los internistas, al día siguiente probablemente todo mejore.
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    9h51min. En la Calle Mayor, visita a la Catedral, meteórica, con mis primeros compañeros de camino de hoy. Entonces vi esta cafetería rústica (la Bepa), espaciosa y solitaria (la barra está al fondo) y los abandoné. Me quedan cinco kilómetros para finalizar la etapa de hoy. Y lo que más me gusta de mi camino es sentirme a mi aire de cualquier modo y en cualquier momento.

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    Ayer tuve una llamada de un número desconocido. También Solis me dijo que llamaron a casa, otra llamada de número desconocido.

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    Hasta aquí ha sido un paseo agradable. Día fresco pero soledado.
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  13. Salimos de Burlada, nos desviamos a la derecha, a la altura de un colegio, hacia un túnel que cruza la carretera. Yo iba pisando sobre la hierba, vamos por entre huertas y casas, y hay una primera vista de Pamplona. Es hermosa porque el paisaje se vislumbra entre los reflejos del río Arga. Un poco más adelante las murallas defensivas de la ciudad impresionan.

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    En el Puente de la Magdalena, gótico (S. XII), de tres arcos, les tomo una fotografía. Ellos no me ofrecen lo mismo. No me importa. Las imágenes se estampan en la memoria.
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    Admiramos el crucero.

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    Portal de Zumalacárregui. Los ojos atraídos por las murallas, pendientes de las murallas. Las sensaciones recorren los brazos y los antebrazos. La historia me interroga y Federic me pregunta por el significado de Iruña. Me imagino que es el nombre vasco de Pamplona pero detengo a unas ancianitas en la calle del Carmen, aunque ellas no saben decirme, y Federic lo agradece igual.

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    A la Catedral se llega por el antiguo barrio de la Navarrería. Pamplona hasta la Catedral me recuerda al Oviedo de Vetusta. Hermosa casa consistorial en su plaza.

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    Pamplona tiene larga historia y ésta se remonta al primer milenio a.C. Pompaelo, <<la ciudad de Pompeyo>>, sirve de campamento al general romano Cneo Pompeyo… El barrio de la Navarrería, tal como lo entiendo yo, es el corazón de la ciudad. Ahí se asentaban los originarios pobladores vascones, aldeanos o labriegos más dependientes, en el medievo, del poder catedralicio del obispado que de las monarquías. Pero son los fueros, concedidos por los reyes navarros, y algo tendrá el Camino de Santiago que ver en ello, los que convocan a comerciantes y artesanos ultrapirinaicos, que se instalan en torno a la iglesia que levantan, la de San Cernín (Cernín venerado en Tolouse). Y un tercer núcleo, compuesto de francos y navarros, donde se erige la iglesia de San Nicolás. Fricciones, entre unos y otros, diferencias sociales y judiciales, hacen necesario la presencia de murallas interiores, y hubo sangre, en el barrio de la Navarrería, la vieja Iruña, que derramaron los franceses Capetos… Las murallas interiores en el siglo XV, en época de Carlos III, serán demolidas. Pero Pamplona, por supuesto, tiene mucha más historia que estas líneas que se dejan caer aquí, e incluso una aljama judía junto a la Navarrería.

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    En el interior de la Catedral predomina el azul turquesa muy suave. La cúpula central es bellísima. Estoy admirándola sobre una tumba. El sonido interior aumenta. Aunque ahora mientras escribo es imperceptible. Algo hay relacionado con la felicidad y el contento interior. Numeraciones en el suelo, sobre las tablas de madera de la entrada. Posé mi mano en uno de los labrados en piedra, lo acaricié. No era una gárgola pero era como una de esas ”cabezas atlantes” que pueden observarse en Eunate. Sobre la pintura del lado Norte veo un Pozo y lanzo, en pos de mis deseos, una moneda metafísica de suerte que lo alcanzo.

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    El pozo reviste un carácter sagrado en todas las tradiciones. El pozo, bebida de vida y fuente de enseñanza, posee en hebreo el sentido de mujer, de esposa. De él sale la verdad desnuda y por ello actúa como símbolo de secreto, donde la palabra se abisma*. <<A veces te hundes,/ caes en tu agujero de silencio…>> -escribirá Neruda en un poema llamado ‘El Pozo’. Y leyendo en las diferentes líneas del Yi-King, en las del hexagrama 48, cuyo nombre es el pozo de agua, se obtiene el dictamen: <<Puede cambiarse de ciudad,/ más no puede cambiarse de pozo…>>
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    He perdido el mechero, me acerco a la barra, la camarera me da fuego pero me sugiere que utilice la máquina expendedora de tabaco para conseguirme uno. De la cajita sale un clipper rojo, con el emblema verde, la flor de la marihuana, sólo que rodeado de llamas naranjas: AK 47. Y con esa ya son dos, las flores de maría, que me acompañan. Una cosida en la mochila, me sirve de nombre, y me pregunto, ya que no hay dos sin tres, dónde hallaré la tercera…
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    Le envío un mensaje a Stephen y responde, dice que agradece que me acuerde de él.

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    Y te cuento, lo que sucedió, inminentemente, antes de mi partida, lo que determina el lugar en el que me encuentro; Juego con ficha azul y me siento libre. Aunque, ahora sepamos, que los dados del destino designan que he ido a dar con mis huesos en el pozo.
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    Son las 11h20min. Me fumo un último cigarrillo y me voy a Cizur Menor.